La Superliga: una reforma absoluta al fútbol europeo
Por Rodolfo Malpica
18 Abr, 2021

Intro

Hoy no es un domingo cualquiera. Hoy nos levantamos temprano. Omitimos el baño porque nuestro plan es quedarnos a descansar en casa y recargar pila para comenzar con todo el lunes. Preparamos el desayuno y lo disfrutamos en familia. Mientras convivimos nos ponemos al tanto de todo lo que ha pasado la última semana: que las tías esto, que los tíos aquello, la escuela bien y el trabajo mejor. Terminamos de comer y hacemos un poco de las tareas del hogar, hay que hacerlo rápido porque tenemos ocupada toda la tarde y es indispensable aprovechar la mañana. Cuando terminamos el quehacer, procedemos a preparar la comida del resto del día para no perder tiempo entre partido y partido. Hay que comer sano porque, ayer, día sábado que nos juntamos con los amigos, el almuerzo fue pizza y la comida hamburguesas. Dan las 11:30 y alguien pregunta por la agenda del día, entonces alguien más responde: a las 12:00 es el Juventus-Chelsea, a las 14:00 el Bayern-París, a las 16:00 el Tottenham-Barcelona, a las 18:00 el Real-City y a las 20:00 el United-Borussia. “Van a estar buenos los partidos” se escucha del otro lado de la cocina. “Sí, y también estuvieron buenos los de ayer”.

Y eso, querido lector, sería un fin de semana típico para alguien que no tiene mejor plan que juntarse con los amigos o quedarse en casa a ver la Superliga Europea, ese torneo que levanta emociones y ansiedad, sea por separado o al mismo tiempo.

Por qué una Superliga

La Superliga Europea es el nombre virtual que se le da a los esfuerzos por concentrar el fútbol de la élite mundial, que favorablemente todo se encuentra en Europa, en una sola liga cuyo atractivo, beneficios, perjuicios y maldiciones parecen ser descomunales. Estos esfuerzos comenzaron hace al menos una década con pequeños comentarios acerca de “lo interesante que sería ver un Barcelona-United” cada fin de semana, o al menos un duelo de calidad similar, por ejemplo, un Borussia-Marsella (tan solo por decir algo).

Esta idea, desde luego, ha traído consigo toda clase de comentarios a favor y en contra, y el propósito de esta columna es contribuir al debate ampliando el análisis respecto a la mayor cantidad de puntos posibles. Si hubiera alguno que estemos dejando de lado, no dudes en escribirnos dentro de los comentarios y nosotros nos encargamos de realizar la investigación.

¿Por qué una Superliga Europea y no una Superliga Mundial? Para empezar, por las distancias. Está claro que el desarrollo de la tecnología hará que transportarnos desde la Ciudad de México a Tokio sea cada vez más rápido y seguro, pero eso no está sucediendo ahorita así que la barrera geográfica sigue siendo un problema. Y para seguir, el fútbol. Es más, la razón número uno en estos momentos y posiblemente en el futuro es: el fútbol.

En ningún otro lugar del mundo se practica fútbol de tan alto nivel como para pensar en concentrar a los mejores equipos de ciertas ligas en una “superliga”. Europa tiene el privilegio de contar con el mejor fútbol del mundo por muchas razones: la larga y violenta historia que ha tenido Europa en su pasado le ha permitido alcanzar, en la gran mayoría de sus países, niveles de desarrollo social que permiten a su vez un alto desarrollo deportivo. Buena parte de los países que componen el territorio europeo produce deportistas altamente competitivos a nivel internacional.

Durante los últimos Juegos Olímpicos, Reino Unido alcanzó la segunda posición del medallero con un total de 67 medallas; Alemania fue quinta con un total de 42, 17 de ellas de oro; Francia fue séptima con un total de 42, pero solo 10 de oro; Italia fue novena con un total de 28, Países Bajos fue onceava con un total de 19, y así podríamos seguir. La representación de Europa en los Olímpicos es más constante que la de otros continentes. Salvo las tres grandes potencias mundiales: Estados Unidos, China y Rusia, los representantes del resto de las grandes masas continentales suelen ser más variados y presentarse en menor cantidad.

Eso hablando de deporte a nivel general, porque cuando hablamos del gran deporte, cuando hablamos de fútbol, no existen continente que le haga sombra a Europa, y no existe país, sea o no potencia del mundo, que le haga sombra a los países que componen el Viejo Continente.

En el Ranking de los Mejores Clubes del 2020 de la IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol) aparecen, dentro de los primeros 20 puestos, cantidad común de equipos que componen una liga europea, únicamente 5 clubes no europeos: Palmeiras (2º, Brasil), Club Guaraní (11º, Paraguay), Gremio (16º, Brasil), Flamengo (18º, Brasil) e Internacional (20º, Brasil). Esos 5 clubes pertenecen a la CONMEBOL, confederación del continente sudamericano, pero al ser 4 de ellos de Brasil y uno de Paraguay ya abre dudas sobre la viabilidad del potencial futbolístico del continente para la conformación de una superliga. Es más, el segundo lugar del ranking general, Palmeiras, hizo una pésima actuación en el Mundial de Clubes de la FIFA tras queda eliminado en semifinales por Tigres (México, CONCACAF), equipo de Norteamérica, y tras perder el partido por el tercer puesto a manos del Al Ahly (Egipto, CAF), club representante de África. Por lo tanto, queda claro que ni por ocupar 5 de los primeros 20 puestos, Sudamérica se vuelve futbolísticamente candidata para albergar una superliga.

Incluso si revisamos los siguientes 20 puestos (del 21 al 40), nos damos cuenta de que solo aparecen tres clubes no europeos: Al Ahly (Egipto, África), Santos (Brasil, Sudamérica) y Ulsan Hyundai (Corea, Asia). Y aunque la tabla de la IFFHS genere dudas, incluso bajo sus estándares la posibilidad de que otro continente pudiera albergar a nivel futbolístico una superliga queda completamente descartada.

Por sentido común, quizá bastaba con decir que solo Europa podía ser el escenario de tan magnífico y aterrador proyecto, pero ¿por qué la Superliga Europea levanta tanto ánimo? En el nivel del espectáculo está el dinero, o, en este caso, la respuesta.

Duelos de alto poder, nivel Champions League, capturando la atención del hincha fanático durante varias horas a lo largo de cada fin de semana, significan entretenimiento y audiencia, y en donde tenemos esos componentes también tenemos dinero.

El lector se podría reconocer en estas líneas: un martes o miércoles saliendo a toda velocidad de la escuela tan solo para llegar a ver un Liverpool-Milán, interrumpiendo el trabajo en la oficina donde el jefe, fanático del Real Madrid, regala 90 minutos de alivio al estrés de los empleados, salvo algunos cuantos que preferirán continuar con sus tareas cotidianas sin ser indiferentes a los gritos de gol de los fanáticos de la oficina.

Y el lector también podría identificarse en esos fines de semana en los que no hay nada mejor que hacer que quedarnos en casa a ver fútbol, como acostumbrábamos cuando éramos pequeños y se juntaba toda la familia en casa de la abuela, prendíamos la tele y mientras las conversaciones iban y venían, de vez en cuando se paralizaba toda la familia porque había caído un gol del América, todos comentaba el gol y poco a poco volvían al tema familiar tan solo para volver a detener el tiempo e integrar las emociones de cada miembro de la familia, desde los más chicos hasta los más grandes, porque ya había empatado Pumas.

El fútbol es motivo de reunión en todo rincón del mundo donde pueda rodar una pelota, y eso, la gente que controla los hilos de este deporte, lo sabe. Saben que hay una audiencia detrás de la pantalla, saben que los tiempos han cambiado y que ahora la posibilidad de llegar hasta el último rincón del planeta es absoluta, y también saben que detrás de esa audiencia hambrienta de fútbol de élite hay dinero que espera inflar sus cuentas bancarias. Y mientras eso emociona a unos cuantos, a otros tantos los llena de miedo, porque para que algo sea creado, algo más tiene que ser destruido, y en el acalorado debate que rodea el proyecto de la Superliga Europa sale siempre a tema la responsabilidad con el resto del fútbol de Europa. ¿Es la Superliga una buena idea para el fútbol en general, o solo para los bolsillos de unos cuantos? ¿Es la Superliga una buena idea para los aficionados, o solo para aquellos que desean ver a la élite enfrentándose semana a semana?

La pantalla tiene el poder

Buena parte del ingreso de un club de fútbol viene de los derechos de distribución por televisión que aseguran año con año tan solo por pertenecer a una liga. Por ejemplo, para la temporada 19-20, la primera división de España recibió un total de 1,417 millones de euros por concepto de derechos de distribución de los partidos de sus clubes. En general, la cifra que recibió cada club es más o menos similar, rondando entre los 47 y los 60 millones, pero la cantidad que recibieron sus tres grandes clubes de fútbol fue considerablemente superior: 165 millones para Barcelona, 156.2 para Real Madrid y 124 para el Atlético de Madrid.

La primera división de Inglaterra pudiera parecer en el papel “más justa”, pero si consideramos que entre Liverpool y Huddersfield en la temporada 18-19 hubo una diferencia de 64 millones a favor del primero, llegando a un total de 167 millones de euros, podemos entender por qué el presidente del club Red es uno de los principales impulsores de la Superliga de Europa.

Aquí hay negocio, pero no todo es miel sobre hojuelas para los clubes de la élite europea. Para mantener a un gran equipo de fútbol necesitas estar financiando por el petróleo árabe o tener finanzas sumamente ajustadas.

Las pesadas cuentas de un club de élite

Barcelona puede presumir que a lo largo de la última década fue el club más ganador a nivel deportivo y uno de los más importantes a nivel financiero. El impacto que los constantes triunfos tuvo en el club catalán lo han llevado a convertirse en uno de los entretenimientos más impresionantes del planeta, pero no por eso es un gran negocio.

Para ilustrar lo pesado que es que uno de estos “focos de entretenimiento” existan, usaremos el resumen del estado financiero del FC Barcelona de la última temporada.

Toda empresa tiene ingresos y gastos, de la diferencia entre ingresos y gastos obtenemos la utilidad bruta, es decir, sabemos si con nuestro negocio estamos ganando o perdiendo dinero. Los gastos simplificados de un equipo de fútbol son los siguientes: salarios deportivos, salarios no deportivos, gastos de gestión y otros; y sus ingresos simplificados incluyen las ganancias por venta de boletos, medios (incluye derechos de televisión), acuerdos comerciales (patrocinios y venta de merchandising), traspasos y otros.

Los números reales del FC Barcelona para la temporada 19-20 estaban pensados para arrojar un balance final positivo, con una ganancia de 2 millones de euros, pero dada la crisis de la pandemia el club vio sus ingresos disminuidos en 203 millones de euros, haciendo apenas 855 de los 1,059 esperados y, aunque pudieron reducir en 74 millones sus gastos, disminuyendo los salarios de los jugadores en 42 millones y los gastos de gestión en 30, al final ni siquiera pudieron cubrir los gastos reales de 955 millones, arrojando una pérdida de 97 millones para esta temporada, misma que se acumulará a la deuda que tiene el club.

Manejar a un equipo no es fácil, y aunque en principio se podría afirmar que los jugadores son los auténticos ganadores de este negocio, la verdad es que con la cantidad de dinero que tiene acumulada el deportista más rico del presente no se podría hacer gran cosa por un club de élite. De acuerdo con diferentes portales, la fortuna neta de Lionel Messi, estrella del club y futbolista mejor pagado del momento, rondaría entre los 400 y los 600 millones. Es decir que todo lo que ha ganado Messi a lo largo de su carrera no sería suficiente ni para cubrir los gastos de media temporada de su club.

Como hemos visto, los clubes cuentan con cada centavo para poder salir a penas rayando las cuentas, y la temporada 19-20 fue particularmente desastrosa para todos los equipos de fútbol, al menos en el ámbito financiero. La pandemia por COVID-19 que enfrenta el planeta provocó que los ingresos de los clubes se vieran fuertemente disminuidos. En el caso del FC Barcelona, un 19% del total de su ingreso esperado se vio afecto por diferentes motivos:

  • El cierre del estadio desde marzo hizo perder al equipo 47 millones de euros
  • El cierre de las tiendas físicas provocó pérdidas por 35 millones de euros
  • La inasistencia al museo y el tour del estadio provocó pérdidas por 18 millones de euros
  • Los eventos para conocer jugadores provocaron pérdidas por 3 millones
  • Las pérdidas por los derechos de televisión fueron de 35 millones
  • La disminución de patrocinios y las pérdidas por giras ascendieron a los 37 millones
  • Los ingresos por transferencias se vieron afectados en 29 millones

El mismo estudio realizado por el FC Barcelona calcula que las 5 ligas top de Europa perderán un total de 4 billones de euros por motivo de la pandemia entre 2019 y 2021, y las cosas no se complicarán más siempre y cuando la pandemia pueda ser controlada.

En lo particular, clubes como Juventus tuvieron pérdidas durante la anterior temporada por cerca de 71 millones de euros; Borussia perdió 43 y se calcula que Manchester United pudo haber perdido hasta 110 millones de euros.

Con la cantidad que perdieron los clubes antes mencionados, bien podría financiarse un fichaje de altísimo nivel. Y con la cantidad que se calcula que pierdan en total las 5 ligas top de Europa podría financiarse tranquilamente la temporada de al menos 4 de los clubes más grandes del viejo continente.

Dicho todo lo anterior, y ahora que comprendemos cómo se manejan en resumidas cuentas las finanzas de un club de la élite europea, podemos comprender por qué clubes como Manchester United, Liverpool, Barcelona y Real Madrid son los principales promotores de la creación de una Superliga. El tema principal es el dinero; si no lo fuera, quizá los argumentos de un entretenimiento de proporciones espectaculares no serían suficientes para insistir con este tema, pero el papel del dinero ya es por sí mismo un elemento sumamente importante para tomar esta iniciativa con mucha seriedad.

¿Y de cuánto dinero estamos hablando?

Para entender la cantidad de dinero que este proyecto puede generar, comencemos por entender la cantidad de audiencia que podría tener. En cualquier lugar del mundo hablamos de nuestro fútbol nacional e incluso local, pero cuando se trata de hablar de fútbol de suprema calidad, el nombre de Europa es el único que aparece. Los fanáticos asiáticos son un buen ejemplo para ilustrar lo anterior. Hay una razón por la cual el Mundial de Clubes se ha disputado 8 veces en Japón desde que regresó en el año 2005 y se disputará una vez más en su edición del año 2021: una economía saludable. En Japón hay dinero, y hay aficionados al fútbol, por lo tanto, los aficionados al fútbol tienen dinero, y ese dinero lo invierten en su entretenimiento favorito: el fútbol. Pero no es solo en Japón, las economías más grandes de Asia son un mercado atractivo para los clubes europeos y esto lo han sabido entender y adaptar los clubes. No estamos hablando del sector privilegiado de la población de los países árabes que pueden darse el lujo de ir a ver un sábado al Barcelona, el domingo al Real Madrid y la siguiente semana viajar a Londres para ver al Chelsea, Arsenal o Tottenham. Aunque la gente de Asia no vive mal, tampoco puede darse ese tipo de lujos.

El club catalán ha expresado que para ellos es muy importante brindar una experiencia integral a todos sus aficionados, sin discriminar a ninguno, pero entendiendo las necesidades que cada uno en lo particular tiene. En el caso de los aficionados de Asia, la postura culé es brindarles una experiencia inolvidable, porque, por razones económicas y geográficas, estos fanáticos no pueden ir a ver jugar a Messi y compañía cada 15 días; el club catalán entiende que, posiblemente, para ellos se trata de una experiencia única en la vida, y por eso el esfuerzo de que la experiencia vivida sea insuperable es constante.

¿Por qué lo anterior es importante? Porque todos esos fanáticos asiáticos, particularmente de Japón, podría ir a ver cada semana (y quizá así lo hacen) a FC Tokyo, al FC Seul o al Guangzhou Evergrande, pero sí viajan a Europa es por algo: el mejor fútbol del mundo, una experiencia inolvidable, y el mismo deseo que tienen los asiáticos, la economía más fuerte y apasionada fuera de Europa, tienen los aficionados de Oceanía, Latinoamérica, Medio Oriente y África, hablamos de una audiencia que ronda entre los 3.5 y 4 mil millones de personas, y, solo para tenerlo en cuenta, eso es 10 veces más que la audiencia que tiene el modelo de negocio del deporte que a continuación describiremos.

La liga más “grande” del mundo

Así es como se conoce a la NFL, como la liga más grande del mundo, y al menos en términos económicos sí lo es. Según datos del El Economista, la NFL genera un total de 16,000 millones de dólares cada temporada, cantidad 4,500 millones inferior a lo que generó el fútbol de élite europeo…. junto.

Si lo medimos por separado, la Premier League, posiblemente la liga más importante de fútbol a nivel mundial, consiguió un ingreso de 6,484 millones de dólares para la temporada antes mencionada. Curiosamente, es la Bundesliga la que ocupa la segunda posición con 4,472 millones, y no LaLiga, que recaudó la cifra de 4,216 millones.

Apreciamos fácilmente que la superioridad en cuanto a ingresos de la NFL, comparada con las primeras 5 ligas del deporte más popular del mundo, es brutal, y aunque es cierto que el fútbol americano es el deporte favorito de los aficionados de la nación con la economía más grande del mundo, también es cierto que la cantidad de aficionados no está ni cerca de ser comparada con la cantidad de aficionados que tiene el fútbol a nivel internacional.

¿De dónde vienen los ingresos de la NFL? Al igual que pasa con las ligas de fútbol y sus respectivos clubes, estos ingresos se derivan principalmente de los derechos por televisión, patrocinios, venta de mercancía y el boletaje, a lo que también debemos incluir ingresos por licencias de marca y uniformes.

Durante la temporada 2016, un equipo de la NFL tuvo un ingreso promedio de 411 millones de dólares, pese a que la liga tuvo ingresos por cerca de 13,300 millones. De acuerdo con datos de Forbes, de esa cantidad, 7,200 millones (54%) fueron producto de los derechos de transmisión; 2,151 millones (16%) se deben a ingresos por taquilla, y 1,250 millones (9%) fueron producto de los patrocinios. Esto nos deja con que el 79% de los ingresos totales de la NFL corresponde a derechos de transmisión, taquilla y patrocinios, y el 21% restante corresponden a venta de mercancía y experiencias del equipo.

El Super Bowl 2021, considerado uno de los eventos más impresionantes del planeta, y el más impresionante en Estados Unidos, genero, como partido único, ingresos por 679 millones de dólares tan solo por concepto de publicidad, mientras que el consumo de productos en Estados Unidos dejó una derrama económica por 13,900 millones, un promedio de 74.55 dólares por persona, el segundo más bajo a nivel mundial, esto debido a la pandemia del COVID-19.

De acuerdo con un reportaje de Telemundo 49, dos años atrás, la ciudad de Tampa presentó la iniciativa “conectando negocios”, con el objetivo de aprovechar la fiebre del Super Bowl para poder potenciar los pequeños negocios dentro de la ciudad, conectar entre ambas compañías e involucrar a la cámara de comercio de Tampa para comunicar los beneficios que el Super Bowl traería a su ciudad. Se buscaba que cerca de 300 negocios obtuvieran beneficios económicos por motivo de un partido que sucede año con año en Estados Unidos.

Sin embargo, la situación de Tampa se vio mermada por la razón que ya todos conocemos. Para ampliar el análisis del beneficio económico que tiene una ciudad cuando acoge un evento deportivo como este, revisemos qué pasó en la final de Miami durante el Super Bowl LIV del año 2020.

Durante el SB LIV del año 2020 se calcula que, tan solo en Estados Unidos, fueron cerca de 103.4 millones de televidentes los que disfrutaron del partido, dejando una derrama económica por publicidad de 328 millones de dólares teniendo como costo promedio los 5 millones de dólares por 30 segundos, y el ingreso generado por taquilla rondó los 555 millones de dólares.

Por otro lado, los beneficios para la ciudad son evidentes: en primer lugar, te promocionas como destino turístico, tienes el escaparate perfecto para proyectar al mundo la imagen que deseas que se tenga de ti, y en segundo lugar, y de manera más tangible, los beneficios para los negocios locales, transporte, hospedaje y alimentación, son evidentes dado la masa de personas que se desplaza cada año a la ciudad del Super Bowl, tanto de adentro como de fuera de Estados Unidos, para apreciar el evento.

En el Super Bowl LIV, Miami recibió una derrama económica tan solo por concepto de hoteles de cerca de 90 millones de dólares por una ocupación relativa a los 300 mil cuartos, y el beneficio neto para Miami se calculó alrededor de los 500 millones de dólares solo por ser la sede del juego.

La NFL tiene argumentos poderosos para ostentar el nombre de “la mejor liga deportiva del mundo”, pues no solo cuenta con una estructura que permite que sus equipos sean altamente competitivos, también ha generado un modelo de negocio que vale al menos el 75% del valor de las 5 ligas de fútbol más grandes de Europa.

¿Por qué es importante hablar de la NFL si de lo que estamos hablando es de una potencial liga de fútbol? Porque el empuje para que la Superliga Europea se convierta en una realidad está fuertemente inspirado por la mentalidad de los dueños y presidentes de 4 equipos de fútbol. Florentino Pérez, quien ha señalado la importancia de la “innovación” para que el fútbol siga siendo atractivo; Avram Avie Glazer, dueño del Manchester United, mentalidad de estadounidense y también dueño de los flamantes campeones del Super Bowl LV, los Bucaneros de Tampa Bay; John W. Henry, otro estadounidense, dueño de Liverpool, cuyo presidente, Tom Werner, también procede de Estados Unidos; y, finalmente, Paul Elliott Singer, dueño del fondo activista más grande del mundo, Elliott Management Corporation, y del AC Milán. ¡Entonces está claro! El protagonismo estadounidense en la creación de la Superliga es más que evidente.

Un borrador sin ambición ni creatividad

Cada vez se vuelven más constantes las filtraciones y publicaciones sobre el avance del proyecto de la Superliga Europea. La más reciente, una publicación de The Times en la que se esboza cómo sería el modelo de competición del campeonato y el reparto económico, da por sentado que, aunque la idea es buena y en teoría el proyecto es ambicioso, la creatividad de las personas que están detrás del armado de la Superliga es muy pobre.

Según la publicación de The Times, habría 15 clubes fundadores que tendrían su lugar asegurado en la competición (primera tontería) que completarían la liga con 5 clubes más, sin mencionarse cómo serían seleccionados. Estos 20 clubes se dividirían en 2 grupos de 10 (segunda tontería) jugando formato liga a doble partido, es decir, cerca de 18 encuentros, para que, al finalizar las jornadas, los 4 primeros de cada grupo avancen a la ronda de eliminación directa, teniendo 4tos de final y semifinales a doble partido, y la final a un solo partido.

Absurdo, poco creativo, ridículo y repudiable, comenzando porque lo que reclaman los jugadores es aligerar la carga de partidos, y con el formato que se propone en este borrador estamos hablando de sumarle al calendario de los equipos entre 18 y 23 partidos según se avance en las rondas. Esto son al menos 5 partidos extra para cada club de la “superliga” que los que juega el ganador de la Champions League, y un total de 10 partidos más para quien resulte campeón. Quien haya lanzado esta propuesta no tiene ni idea de cómo funciona el fútbol en Europa, pues todavía tuvieron el atrevimiento de mencionar que “estos partidos serán entre semana, por lo que los clubes podrán seguir jugando sus ligas nacionales”.

¿Y cuál fue la respuesta de la UEFA y de la FIFA? La hostilidad, claro. Tanto la UEFA como la FIFA han unido esfuerzos para contrarrestar el surgimiento de la superliga. La FIFA incluso ha amenazado con vetar de la Copa del Mundo a todo aquel jugador que participe en la Superliga.

La respuesta de la UEFA fue inesperada. De un día para otro se sacaron de la manga un tercer torneo continental que lleva por nombre “Europa Conference League”, una Champions, pero de tercera categoría, donde el objetivo principal es darle visibilidad a los clubes de las federaciones menos poderosas del continente, pues desde que se amplió la cantidad de equipos participantes para las ligas inglesa, española, alemana e italiana, los otros 16 puestos restantes de la fase de grupos, fase en la que las cosas comienzan a valer, se los disputan el resto de las 51 federaciones europeas.

No nos hagamos tontos, detrás de todo esta maraña hay una sola palabra que vale, una sola palabra que impulsa este y todos los proyectos alrededor del deporte y casi que alrededor de todo proyecto humano: el dinero. Y el dinero no tiene por qué estar peleado con hacer las cosas bien, pero entre la guerra que sostienen los impulsores de la Superliga contra la UEFA y la FIFA se está dejando de lado la cultura del fútbol y el beneficio del aficionado, privilegiando cosas que, al menos a mí, no me causan ningún sentido porque, la Superliga, así como se ha planteado según el borrador revelado por The Times, suena a un proyecto extremadamente pobre.

La posible economía de una Superliga Europea

El fútbol, como ya lo mencionamos, es el deporte más popular del mundo con la impresionante cantidad de 3.5 a 4 mil millones de aficionados en el planeta, además de ser el segundo deporte más practicando con poco más de mil personas alrededor del mundo, tan solo por detrás de la natación que tiene 1.5 mil millones de practicantes. Comparado con el futbol americano, que ni siquiera figura entre los 10 deportes más practicados y seguidos del mundo, y que apenas cuenta con 100 millones de televidentes cada año, podemos comprender que el alcance de una virtual Superliga es muy auténtico.

Ya quedó claro que las economías en crecimiento están llamando la atención de la FIFA, la UEFA y las federaciones europeas, pero para dejar las cosas más claras, pongámoslo en números. Mientras el Super Bowl tiene apenas alrededor de 100 millones de tele espectadores a nivel mundial, el partido de clubes más importante del mundo, El Clásico Barcelona vs Real Madrid, ha llegado a alcanzar la impresionante cifra de 650 millones de espectadores en 180 países, cifras que no se ven ni de cerca amenazadas por la final de la Champions League, cuyos promedios rondan los 350 millones de espectadores.

Estos números bastarían por sí mismos, pero no son el tope de la audiencia del fútbol. El Mundial de Rusia 2018 promedió 191 millones de espectadores por partido, 4 millones más que en la Copa del Mundo Brasil 2014. La final de la Eurocopa 2016 alcanzó la cifra de 284 millones de espectadores y la final de la Copa del Mundo puede superar con facilidad la cifra de 500 millones de espectadores.

La FIFA también aportó datos sobre la cantidad de personas que vieron al menos una parte de la final del Mundial de Rusia: 3.5 millones de personas, ni más ni menos, una cantidad 30 veces superior a la cantidad de aficionados que vieron el Super Bowl del año 2015 entre Nueva Inglaterra y Seattle.

Pero claro, la Superliga no sería el Mundial de Fútbol, y me atrevo a decir que tampoco puede reemplazar al Mundial de Clubes de la FIFA, por lo que usaremos los números de El Clásico para continuar con el análisis.

Una audiencia 5 veces superior al Super Bowl no es poca cosa. La audiencia quiere ver buen fútbol, y el buen fútbol está en Europa. Los patrocinadores quieren estar donde más gente los va a ver, donde está ocurriendo lo importante, y nada sería más importante que un partido de Superliga Europea.

LaLiga, por ejemplo, aseguró 77 millones de euros en ingresos por conceptos de patrocinio por sus acuerdos firmados con Santander, Puma, EA Sports, entre otros. Y no es extraño encontrarnos con marcas de nivel internacional patrocinando competiciones como la Eurocopa y la Copa del Mundo. Una virtual Superliga estaría, como mínimo, al nivel de la Eurocopa, si no es que superior.

Para los patrocinios de la Copa del Mundo, la cantidad de socios de la FIFA aumentaron de 6 a 8 entre los Mundiales de 2014 a 2018. La cantidad de patrocinadores exclusivos de la Copa del Mundo pasó de 8 a 5, mientras que la FIFA descartó la posibilidad de tener patrocinadores nacionales y la cambió por una sección de patrocinadores regionales, una por cada confederación, exceptuando Oceanía.

Un patrocinador regional de la Copa del Mundo del 2018 aportó entre 8 y 12 millones de dólares. Los patrocinadores exclusivos de la Copa del Mundo aportaron cifras que fueron de los 40 millones por un año, en el caso de Hisense, hasta los 180 millones por 4 años, como es el caso de MC Donald’s y Budweiser. Y si ese dato te parece impresionante, los socios de la FIFA aportaron cifras astronómicas, que van desde los 150 millones de Gazprom por tres años, hasta los 800 y 850 millones que aportaron Adidas y Wanda por 15 y 14 años respectivamente. En total, los patrocinios para la Copa del Mundo del año 2018 alcanzaron la cifra de 3.5 mil millones de dólares,

En resumen, el patrocinio anual promedio para una Copa del Mundo a nivel regional se encuentra entre 8 y 12 millones de dólares, y hay espacios ilimitados. El patrocinio exclusivo de una Copa del Mundo se encuentra en promedio en 40 millones por año. Y, finalmente, ser socio de la FIFA tiene un costo aproximado de 46.4 millones de dólares por año.

Por su parte, la UEFA, tan solo con la Champions League, cuenta con 10 patrocinadores entre los que destacan Heineken, Master Card y PlayStation, pero podemos ver que patrocinadores como Adidas y Gazprom se repiten tanto para la FIFA como para la Champions (la UEFA, vaya), y eso es por el inmenso potencial de visibilidad que estas competiciones otorgan entre las audiencias, generando ventas, pero sobre todo notoriedad, porque las competiciones organizadas por estas instituciones son algunas de las más prestigiosas del mundo.

Para el caso de la UEFA, se calcula que cada uno de sus patrocinadores estaría desembolsando entre 30 y 50 millones de euros, dándole a la competición ingresos aproximados de 431 millones de euros únicamente por patrocinio. ¿Quedó claro porque la FIFA y la UEFA se oponen a la creación de la Superliga, cierto? No se trata de un atentado contra el deporte, sino de una guerra comercial, ya que como comparten audiencias, que los clubes de la élite, atractivo principal, y casi que único atractivo al menos de las competiciones de la UEFA se retiren de las confederaciones y de las federaciones, causaría estragos económicas en ambos niveles institucionales, pero esto no tiene por qué generar alarmismo y que tengamos que leer a directivos de la RFEF diciendo que se puede destruir el fútbol de Europa.

Los clubes cambian constantemente de dueño y de patrocinadores, pero el alma de los clubes, si hinchada, se mantiene vigente, la historia es algo relativamente intocable y la cultura del fútbol es algo que no va a cambiar de la noche a la mañana únicamente porque a 20 clubes de la élite europea se les ocurra jugar al fútbol ellos solos. Sin embargo, aunque como dice Florentino, hay que innovar para mantener vigente el atractivo del fútbol, sobre todo ante el nacimiento de nuevas formas de entretenimiento a raíz de los videojuegos como las eLeagues y más en concreto los eSports, mantener la historia, la tradición y, en la medida de lo posible, la estructura, es algo que se vuelve fundamental en la revolución del fútbol europeo que lleva por nombre Superliga.

Concluimos este pequeño análisis de los fundamentos deportivos y financieros del proyecto diciendo que existen argumentos suficientes para estar tanto a favor como en contra de la Superliga, pero, aunque unas instituciones mueran y otras nazcan, aunque los intereses económicos estén por encima del desarrollo integral del fútbol europeo, hay algo que es por sí mismo intocable: el fútbol y el aficionado.

Europa, geográfica y futbolísticamente destinada

“En cualquier lugar del mundo en menos de una hora”, ese era el slogan con el que Elon Musk y SpaceX lanzaron el promocional del proyecto “Starship | Earth to Earth”, el cual tiene la intención de poder transportar a las personas de un punto a otro de la Tierra en menos de una hora. Han pasado 5 años desde que se lanzó el promocional y los avances han sido considerables, Elon Musk y SpaceX continúan cosechando éxitos, pero mientras el proyecto no esté absolutamente concretado, los viajes entre las grandes distancias de las masas continentales seguirán siendo largos.

¿Qué tan largos? Según datos de Forbes, ir de Qatar a Doha tomaría entre 17 y 18 horas. Pero, seamos más realistas, entre un Pumas-Real Madrid hay al menos una barrera de 10 horas de vuelo, y si al siguiente fin de semana te toca jugar en Rusia, Tokio o Australia, mejor te quedas a entrenar en la ciudad deportiva del Real Madrid. La posibilidad de que una Superliga Mundial exista aún no está al alcance de la tecnología humana, sin mencionar, de momento, la limitante de la calidad futbolística.

Para poner en perspectiva porque Europa es el único lugar donde puede llevarse a cabo una Superliga, revisaremos la superficie de las masas continentales, pues, afortunadamente, las confederaciones del fútbol corresponden más o menos a dichas superficies.

Oceanía, compuesto fundamentalmente por Australia, es el continente más pequeño del mundo, con una superficie total de 9,008,458 kilómetros cuadrados, pero la confederación de ese continente, la OFC (Confederación de Fútbol de Oceanía, por sus siglas en inglés), no cuenta con Australia en el ámbito futbolística. Para ser más precisos, la OFC cuenta únicamente con 10 federaciones (o países) dentro de la confederación, en el que el único que destaca es Nueva Zelanda, participante frecuente de la Copa Confederaciones, pero haciendo papeles que dejan mucho que desear, y ni hablar del resto de los países que componen la confederación y su muy baja calidad de fútbol.

El siguiente continente en proporción es Europa, del cual ya hablamos a profundidad, y cuenta con una superficie de 10,530,751 kilómetros cuadrados, un poco mayor a la superficie de Oceanía.

El tercer continente más pequeño es Antártida, pero los pingüinos no juegan fútbol. Su superficie es de 14 millones de kilómetros cuadrados.

Y, finalmente, tenemos a los tres continentes más grandes: África, con 30.2 millones de kilómetros cuadrados, un fútbol en desarrollo y muy prometedor. América, cuya superficie total es de 42.6 millones de kilómetros cuadrados divididos en dos confederaciones: CONCACAF, la confederación del norte; y CONMEBOL, la confederación del sur. Finalmente, Asia, cuya superficie continental alcanza los 44.5 millones de kilómetros cuadrados.

Para poner en perspectiva los datos anteriores, si nos basamos solo en los “potenciales integrantes fundadores” de la Superliga, el viaje más largo lo harían Real Madrid y Atlético de Madrid cuando se enfrenten al Bayern Munich, o viceversa, con una distancia de viaje de 1,486; sin mencionar que viajes como los de Liverpool a Manchester, o Milán a Turín podrían realizarse tranquilamente hasta en autobús.

Por otra parte, ir de Tijuana a Cancún corresponde a un viaje aproximado de 3,230 kilómetros. La línea más corta para cruzar el continente americano, desde la punta de Alaska hasta la punta de Argentina tiene un largo de casi 16 mil kilómetros. Incluso si partimos en dos la confederación, ir de Alaska a Panamá (CONCACAF) representa una distancia de 9,212 kilómetros; e ir de, digamos, Medellín a Buenos Aires tendría un largo de 4,897 kilómetros.

Queda claro que la diferencia de distancias hace imposible que el proyecto de la Superliga se sueñe en otro lado que no sea Europa, ya que incluso si la Superliga tuviera como potencial participante a Benfica y al CSKA de Moscú, el viaje apenas tendría una distancia de 3,932 kilómetros, y los viajes promedio de Lyon apenas alcanzarían los mil kilómetros de trayecto.

El formato y sus consecuencias

Desde el principio de los tiempos las personas han pateado cualquier cosa más o menos esférica para llevarla del punto A al punto B, no siempre con la consciencia de “marcar un gol”, quizá tan solo como entretenimiento y por el gusto de ver el recorrido de ese objeto tras un pequeño impacto provocado por nosotros. Se pueden recoger relatos del origen del fútbol prácticamente de cualquier rincón del mundo, pero no fue sino hasta 1863, año de la fundación de la fundación de la Asociación Inglesa de Fútbol que el deporte comenzó a tener una historia formal.

La historia del desarrollo del fútbol gira, de manera definitiva, alrededor de la formación de las ligas que poco a poco le fueron dando forma a las reglas del deporte hasta nuestros tiempos, comenzando en Inglaterra, pasando por el resto de las islas británicas y expandiéndose, en buena medida gracias a los ingleses, por el resto del mundo. Sin el establecimiento de ligas formales de fútbol, posteriormente conocidas como federaciones, el fútbol tendría apenas el alcance de un deporte lúdico para pasar el rato con los amigos en la calle o en el llano de la colonia, sin alcanzar el grado de profesionalismo que tenemos hoy en día.

Sumando al análisis que hicimos acerca de la complejidad de hablar de una Superliga Mundial de Fútbol, vale la pena recordar que cuando Uruguay fue elegida como sede de la primera Copa Mundial de Fútbol para el año de 1930, los uruguayos estaban tan emocionados que se comprometieron a pagar ellos mismos los viáticos de todos los equipos participantes, mismos que viajaban mayoritariamente en barco, pues los viajes trasatlánticos aún eran complicados.

La dificultad de hacer largos recorridos geográficos ha hecho que algunas actividades se localicen, pero cuando la distancia deje de ser un problema, que lo será, quizá podremos hablar de una liga de proporciones mundiales, mientras tanto, seguiremos pensando en la Superliga Europea, pues es completamente viable.

Dicho lo anterior, el recuento de la conformación de las reglas, las federaciones, la FIFA y las confederaciones ha sido una historia complicada. Actualmente, parece que tenemos todo en orden, pues desde hace muchos años la organización del fútbol está suficientemente estandarizada como para no ver amenazada su estructura y enfocarnos en el desarrollo de los atletas a nivel técnico y táctico para mejorar la calidad del espectáculo del deporte más querido del mundo. Sin embargo, el surgimiento de un proyecto formal de una Superliga Europea amenaza la estructura no solo de las federaciones y la UEFA, sino también de la FIFA, pues de no ser así no hubieran intervenido agresivamente en contra del proyecto recientemente mencionado.

Si bien es cierto que el fútbol es una actividad de características casi religiosas, tampoco podemos olvidar que se trata de un producto sujeto a las leyes del mercado. En 1930, la idea de crear una liga internacional jamás pudo haber sido concebida pues ni siquiera estaban medianamente establecidos suficientes clubes como para darle forma a las competencias de las federaciones. Pero con el avance de la tecnología y la cercanía que tenemos hoy en día, la idea ya no resulta difícil de concebir e incluso llevar a la práctica.

La viabilidad de la Superliga, tanto tecnológica como deportivamente, y la creciente demanda de un espectáculo más apasionante por parte del aficionado, empujará el proyecto de manera natural, y eso, desde luego, preocupa mucho a las federaciones, confederaciones y la FIFA, pues de no darse la reestructuración de manera que económicamente les convenga y les garantice el poder, podrían perder toda su relevancia y desaparecer, como hicieron varios intentos de formalizar ligas en los orígenes formales del fútbol. Pero eso no es grave, puesto que las personas siempre encontraron la forma de fusionar ligas siempre para beneficio del deporte, pues de no haber sido así, no estaríamos tan contentos con cosas como la Champions League o la Copa del Mundo que tenemos hoy en día.

Prácticamente todas las federaciones europeas tienen una organización que les permite crear tres competencias: la liga, la copa y la supercopa, que por lo general enfrenta al campeón de liga contra el campeón de copa. En el siguiente nivel, a nivel de confederación, Europa es la que mejor hace las cosas, siendo por lo general imitada por la CONMEBOL, aunque sin los mismos resultados, y organiza, a nivel de clubes, un torneo “principal”, la Champions League, seguido de una copa de “segundo nivel”, la Europa League, y recientemente, tras el anuncio de la Superliga Europea, la Conference League, un torneo de “tercer nivel” que reúne a lo más “humilde” del fútbol profesional europeo. Finalmente, los equipos ganadores de las competencias de primera categoría a nivel continental tienen el honor de disputar la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, un torneo que debe ser de trámite para los equipos europeos y que los aficionados del resto del mundo miramos con el morbo de la posibilidad de que el club europeo pueda caer ante algún club de otra confederación, aunque pocas veces suceda.

La estructura arriba descrita es la que se vería amenazada en caso de que surja una Superliga Europea, y eso causaría un gran impacto en el resto del fútbol mundial, pues parece complicado pensar que la FIFA admita al campeón de la Superliga para competir en la Copa Mundial de Clubes, eso mientras tecnológicamente la posibilidad de una Superliga Mundial no es viable.

En términos de dinero y poder, para la actual estructura no es deseable el surgimiento de una Superliga, y en términos de profesionalismo y espectáculo, seguramente todos tendremos una idea diferente, pero, como mencioné en párrafos anteriores, la propuesta de Superliga que se ha planteado recientemente y que divide a los 20 equipos en 2 grupos de 10 me parece cualquier cosa menos algo atractivo o deseable. El objetivo de una Superliga es que sea eso, una liga completa, que no tenga compartir lugar con otras competiciones auspiciadas por diferentes federaciones o una confederación, y si ya dijimos que Europa se presta tanto por superficie geográfica como por el atractivo de su fútbol, ahora también vale mucho la pena mencionar que políticamente también es el lugar ideal para que Europa se unifique no nada más a nivel sociopolítico, sino también futbolístico.

Una propuesta de formato sin consecuencias

La proclama de “una sola Europa” es uno de los discursos más sonados para aquellos que sueñan con la integridad absoluta del territorio geográfico y por tanto político de las naciones de Europa. Hablamos de una especie de confederación, al estilo del fútbol, que unifica cada federación, es decir, cada nación, en un intento de cooperación y su posterior unificación. Desde luego que hay variables culturales, sociales, políticas y económicas que complican el sueño de “una sola Europa”, pero, para fines de nuestro análisis de la Superliga, este es un ejemplo perfecto de por qué no suena tan descabellado que este proyecto deportivo pueda ocurrir de la manera en que a continuación propondré.

Un ejemplo de proyectos de unificación de Europa podemos verlo en la aprobación del Parlamento Europea de la creación de un “espacio único ferroviario” que tiene como objetivo mejorar la calidad del transporte, conectar las diferentes naciones de Europa, facilitar la logística para el consumidor, promover la cultura y seguir avanzando en el desarrollo del proyecto de una “Europa unida”. Si Europa puede tener un “espacio ferroviario único”, ¿por qué no podría tener un “espacio único futbolístico”.

El virtual nacimiento de la Superliga Europea debe ser más visto como una oportunidad para Europa que como un obstáculo para las aspiraciones financieras y de poder de las federaciones y su actual confederación, y si la UEFA quiere mantener su vigencia, debe dejar de inventar torneos continentales que nadie va a ver, como será el caso de la Conference League, y apostar por la unificación de, al menos, los mejores clubes de las diferentes federaciones que la conforman.

El 16 de marzo del 2021 fue aprobado el proyecto de fusión de las ligas de Bélgica y Holanda para dar lugar a una liga de fútbol profesional de 25 equipos que tendrá por nombre: Beneleague. En el comunicado oficial se puede leer que esta fusión responde a la necesidad de potenciar las aspiraciones futbolísticas de los grandes clubes como de estabilizar las finanzas de los clubes menores, pues al estar juntos la calidad de los equipos aumentará, al menos un poco, y habrá espacio para mayor espectáculo, que se traducirá en más audiencia y en consecuencia en más dinero.

El ejemplo de la Beneleague es una versión “en chico” de lo que la UEFA debería estar promoviendo en estos momentos para crear su gran liga de fútbol y no dar espacio a proyectos exclusivamente basados en los intereses económicos como la Superliga de Florentino y compañía.

Me tomo la libertad de exponer mi propuesta

Siendo Europa el continente con mejor fútbol del mundo, contando con un espacio geográfico y la infraestructura que vuelve viable realizar los viajes incluso en autobús y teniendo potencialmente un tren y aerolíneas continentales de bajo costo para el traslado de los aficionados, el proyecto de la Superliga Europea debería estar más próximo a crear grandes divisiones de fútbol a nivel continental que a cerrar y volver elitista el deporte.

Concretamente, mi propuesta se inspira el “una Europa unida” y se basa en la creación de al menos 5 divisiones de fútbol profesional a nivel continental. ¿Cómo las componemos? Basta con echar un ojo a los coeficientes de clubes que la misma UEFA promueve para saber qué equipos conformarían la primera división y, que posteriormente se ganarían su lugar mediante ascensos y descensos.

El formato de la Superliga Europea

La Superliga Europea tendría 5 divisiones continentales conformadas por 20 equipos cada una. En primera instancia, estas divisiones se conformarían de acuerdo con el último ranking de coeficientes que la UEFA publica y posteriormente se ganarían su lugar mediante ascensos y descensos.

La liga: o deberíamos decir: las ligas, pues hablamos de formar 5 divisiones. Todas se jugarían a duelos a doble partido tanto de locales como visitantes, con la posibilidad de exportar algunos de estos encuentros, desde la primera hasta la quinta división, al resto del mundo, con la finalidad de exportar el gran fútbol europeo y obtener mayores ingresos.

Ascensos y descensos: propongo, al estilo de la primera división de Brasil, que 4 equipos caigan a la zona de descenso con la posibilidad de jugar promociones para saber qué equipos descienden y descienden tras el final de cada temporada.

Las copas: Podrían crearse dos grandes copas de fútbol al estilo de las Copas Nacionales y las Copas de la Liga que tenemos actualmente, inspirándonos en los formatos principalmente de Inglaterra.

La Copa del Continente: Para la Copa Nacional, en este caso “La Copa del Continente”, contaríamos con los 100 clubes que conformen las 5 grandes divisiones del fútbol Europeo y 28 clubes extras que ingresarían para darle simetría a las llaves tras ser campeones de copa dentro de sus respectivas federaciones. Al tener la UEFA 55 miembros, el ganador de la copa nacional de la federación mejor clasificada en el ranking avanzaría de manera directa, mientras que los campeones de las otras 54 federaciones se enfrentarían a duelo directo, ya sea a uno o dos partidos para definir a los últimos 27 integrantes de “la Copa del Continente”. Al contar con los 128 participantes, todo se reduce a cruzar duelos directos ya sea a uno o dos partidos, usando como criterio de cruces ya sea el sorteo por bombos o la clasificación, desde el mejor contra el peor, al estilo del formato de la liguilla mexicana. Al final, contaríamos con un ganador que puede salir de cualquiera de las 5 grandes divisiones de la Superliga Europea, o de algún campeón de alguna copa nacional de alguna de las 55 federaciones de la UEFA.

La Copa de la Liga: siguiendo la tradición estructural de los torneos de fútbol, esta competencia podría no ser necesaria, pero sería atractivo ver una competición al estilo de la Copa de la Liga inglesa. Esta se desarrollaría de manera similar a la “Copa Continental”, pero solo incluiría a los 100 clubes de las 5 grandes divisiones de Europa que jugarían un duelo directo, definitivamente a un partido, de acuerdo con el ranking o por sorteo de bombos, desde la posición 29 a la 100 para que, tras la ronda eliminatoria, queden 64 equipos y se crucen de manera directa a un partido hasta llegar a la gran final.

Qué pasaría con la Champions: la idea misma del nacimiento de la Superliga Europea nos indica que ya hablamos de una “reemplazo directo de Champions”, pero de la forma en que lo propongo en este trabajo, una liga conformada entre los 20 mejores clubes de Europa ya sería en sí misma un gran espectáculo; la copa continental o la copa de la liga nos daría, de manera regular, duelos entre estos mejores 20 clubes, aunque, como pasa con frecuencia también en las copas de las federaciones con el formato actual que tenemos en el fútbol, no es descabellado ver equipos de divisiones inferiores derrotando a equipos de la primera división, incluso de la élite, sobre todo a partidos directos, por lo que no sería raro ver a equipos de la 2da, 3ra, 4ta o 5ta división derrotando a los clubes de élite de la 1ra división de Europa.

Sin embargo, a los duelos de liga les hace falta la emoción del formato de eliminación directa, y a los duelos de eliminación directa les haría falta la emoción de un torneo de alta envergadura, ese en el que los equipos se dejan el todo por el todo y, desde luego que habría espacio para un torneo como este en esta propuesta de formato del fútbol europeo.

La “nueva” Champions League podría, de manera sencilla, componerse de la siguiente manera: respetando el formato actual desde la fase de grupos, los primeros 16 equipos estarían conformados por aquellos que ocupen las posiciones 1-16 en la 1ra división europea, mientras que las otras 16 posiciones estarían ocupadas por los lugares 1-4 desde la 2da división hasta la 5ta división, dándonos un total de 32 equipos. ¿Descabellado, injusto, elitista? Para nada, pues de antemano 16 de los lugares de la fase de grupos ya los ocupan los mejores 4 clubes de LaLiga, la Bundesliga, la Serie A y la Liga Premier. Y el factor de eliminar directamente a los últimos 4 clasificados de la 1ra división Europea se hace incluso con la intención de que los clubes de la primera división no se duerman en sus laureles en la liga y compitan para no quedar no solo relegados a la segunda división, sino también eliminados de manera directa al no alcanzar un puesto de este tipo. Si esto te parece injusto o poco congruente para el negocio, vale la pena recordar que son muchas las veces que clubes de “élite” o al menos de mucho nombre y tradición se quedan fuera de la Champions e incluso de la Europa League por no alcanzar puestos de clasificación europea, esto podemos verlo sobre todo en Inglaterra, y en Italia, sobre todo con el AC Milán que ha sufrido mucho para clasificarse a Europa en los últimos años.

Pero, si quisiéramos ser más justos e involucrar en la Champions League a los equipos de todas las federaciones y no solo a los de las divisiones de Europa, claro que se puede. Actualmente la Champions cuenta con 5 rondas de clasificación antes de llegar a la etapa de fase de grupos, involucrando a 53 equipos de las federaciones inferiores que tras varias rondas de eliminación completan la fase de grupos a la que acceden de manera directa 26 clubes.

En esta propuesta de Champions League para la reforma del fútbol europeo, mantendré los primeros 16 cupos de la fase de grupos con los primeros 16 puestos de la 1ra división Europea, y los siguientes 16, tal cual como se mencionó, estarán involucrados los puestos del 1-4 de las divisiones 2da a la 5ta, pero no avanzarán de manera directa, sino que tendrán que jugar una ronda de repechaje de vida o muerte. ¿De dónde saldrán sus 16 contrincantes? En honor al formato actual, y considerando que existen 53 clubes que buscan 6 lugares para completar la fase de grupos (el momento en el que realmente comenzamos a ver la Champions), en nuestra propuesta abriremos 16 puestos para que eso sea posible y haremos un auténtico “repechaje de campeones”.

Los ganadores de las ligas de las 55 federaciones europeas competirán entre ellos hasta quedar 16. Para ello, los campeones de las federaciones ubicadas en el ranking entre 1 y 9 avanzarán de manera directa a la segunda ronda del repechaje, mientras que los campeones de las federaciones entre la posición 10 y 55, es decir, 46 clubes, jugarán a ida y vuelta la primera ronda con el objetivo de avanzar a la ronda de los 32, es decir, avanzarán 23 clubes que se sumarán a los 9 directos. Teniendo 32 clubes, la segunda ronda también se jugará a ida y vuelta nos dejará con 16 clubes que, como se podrán imaginar, enfrentarán, según su ranking, a los 16 clubes que buscan su boleto a la Champions League por la vía de las divisiones europeas de la 2da a la 5ta.

Ascensos y descensos a las divisiones europeas: el tema más complicado para que este proyecto parezca viable, se mantenga atractivo y no sea estatista es que puedan existir los ascensos de las federaciones asociadas a las divisiones europeas. No se podrían aplicar los mismos criterios que con la propuesta de formato de la Champions League, pues no podríamos borrar de un solo a los 4 peores equipos al menos de las 2das y terceras divisiones. Y considerando que existen 55 federaciones asociadas a la UEFA y todas merecen una oportunidad de entrar, tampoco es como que todos los campeones (y desde luego que no los subcampeones) tendrían el nivel para mantenerse vigentes en una potencial 5ta, 4ta o 3ra división europea, y desde luego que seguramente, al menos de arranque, no podrían competir en una 2da o 1ra división europea, eso sin descartar que desde una federación puede gestarse un proyecto de club que a base de gran gestión, inversión o ambas pueda ascender desde una división de federación hasta lo más alto de la 1ra división del continente.

En primer lugar, tengamos claro que los últimos 4 de la 1ra división Europea descienden de manera directa, y los primeros 4 de la 2da división Europea ascienden de manera directa. Lo mismo podría pasar entre la 2da y la 3ra división, e incluso entre la 3ra y la 4ta división. Y aunque bien es cierto que algunos de los clubes de las federaciones podrían mejorar las divisiones, digamos, 4ta y 3ra, algunos quizá incluso la segunda, llegar ahí es un privilegio que hay que ganarse.

Para ello, la propuesta de los ascensos y descensos continentales consiste en lo siguiente: Habrá 4 ascensos y descensos con la posibilidad de jugar promociones entre la 1ra y 2da, 2da y 3ra, 3ra y 4ta, pero llegando a la 4ta y 5ta división, solo descenderán y ascenderán 2 clubes. Es decir, los clubes clasificados 19 y 20 de la 4ta división descenderán a la quinta división, y los clubes clasificados primero y segundo de la 5ta división ascenderán a la 4ta división. Los clubes de la 5ta División Europea tendrán la motivación no solo de ser campeones en su división, sino de asegurar que no estarán expuestos al descenso, mientras que los clubes de la 4ta División Europea que desciendan quedarán expuestos a un posible descenso continental.

¿Qué pasa entonces con los clubes de la posición 3 a la 20 de la 5t División Europea? A los duelos por el descenso. Esos 18 clubes tendrán que jugarse la vida, el todo por el todo para mantenerse dentro de la élite europea, pues por no haber ganado las posiciones de privilegio y ascender a la 4ta división, competirán contra los campeones de liga y campeones de copa de las 55 federaciones asociadas a la UEFA, es decir, en total tendremos 128 equipos que jugarán las rondas de ascenso y descenso para la promoción continental. Personalmente, creo que estos partidos deben ser duelos directos, sorteo directo y sin bombos o rankings de por medio para garantizar la diversidad de los clubes y la competencia, dado que damos por hecho que pertenecer a la élite del fútbol debe ser algo meritorio y que cueste trabajo, se trata de la máxima competitividad llevada al extremo.

Tras jugar la primera ronda, esos 128 clubes se reducirán a 64, tras la segunda ronda se reducirán a 32, y aquí es donde se pone bueno, pues los ganadores de los partidos de la tercera ronda se irán directo a la Quinta División Europea, mientras que los 16 perdedores competirán entre ellos por los últimos dos puestos restantes, dándonos partidos de primerísimo nivel donde se juega el todo por el todo. Esos 16 clubes que pierdan volverán a jugar un duelo directo hasta que nos queden 8, después jugarán la quinta ronda y nos quedarán 4, y esos 4 clubes jugarán las finales del “torneo de ascensos y descensos continentales” para definir a los últimos dos integrantes de la Quinta División Europea. ¿Y en qué momento se juegan estos partidos, se preguntarán algunos? En verano, cuando los clubes de por sí compiten para superar las rondas previas a la fase de grupos de la presente Champions League o se preparan para la siguiente temporada.

De esa manera, la conformación de divisiones europeas no solo mantendrá prácticamente intactos los formatos, sino que los mejora, respeta la tradición de las copas, los formatos de la liga y no atenta contra la Champions League, además de que permite crear divisiones de élite, es decir, las divisiones europeas, a las que cualquier club puede entrar, aumentando la calidad, el espectáculo, la audiencia y los ingresos.

Es así como, a partir de un proyecto pobre propuesto por los dueños y presidentes de los clubes más importantes del mundo, pensado solo en el dinero y no en la tradición, el desarrollo profesional y la diversidad del fútbol puede llevarnos a proponer una estructura más completa, que no atente contra las federaciones, que no atente contra la UEFA y tampoco contra la FIFA, sino que las integre en un proyecto masivo, una reforma completa al fútbol europeo que incremente la competitividad, el espectáculo, la audiencia y los ingresos, un proyecto donde todos, desde los jugadores, los directivos hasta los aficionados, salimos ganando… o dejamos todo como esta, porque cambiar para empeorar o crear una liga separatista y simplona no va a ser atractivo para nadie.

Un proyecto así concentraría a la gran afición mundial del fútbol haciendo que las cuentas de los grandes clubes se hinchen, mejorando la competitividad tanto arriba como abajo, propiciando una ruta de desarrollo para los clubes menores y motivando a cada individuo que forme parte del fútbol europeo a dar lo mejor de sí.

Además, conformar divisiones continentales sería una manera de incentivar a los aficionados a explorar los diferentes rincones que el viejo continente tiene para ofrecer, no solo para los aficionados de Europa, también para los aficionados del resto del mundo que puedan y quieran ir a hacer turismo de fútbol, ver el partido y pasearse por la historia que cuenta Europa en cada centímetro de su tierra. Si a esto le sumamos que las posibilidades de que exista un medio de transporte como un tren en un espacio común ferroviario son muy grandes, entonces el atractivo y la facilidad de traslado crece, la experiencia para el aficionado, sea de Europa o de cualquier lugar del mundo, se vuelve invaluable.

Cómo serían las 5 Divisiones Europeas hoy

Y a todo esto, ¿cómo estarían conformadas hoy las primeras 5 Divisiones Europeas? Basándonos en el ranking actualizado al 18 de marzo de 2021, las Divisiones Europeas serían las siguientes:

Quinta División Europea: la quinta división europea estaría conformada por los clubes de la posición 81-100 del ranking de la UEFA. Los equipos más representativos serían el Athletic Club, Everton, Celta, West Ham, Rennes, Malmo y Galatasaray, viejos conocidos de las ligas top de Europa y clubes que con regularidad llegan a meterse a la fase de grupos de la Champions League. El caso del West Ham es interesante, pues la temporada que está haciendo los tiene como 5tos de la Premier League, lo que, trasladado a la Superliga Europea podría indicarnos que estarían compitiendo por el ascenso a una 4ta o 3ra división sin muchos problemas, pues se encuentran por encima de Liverpool (9), Arsenal (11), Tottenham (14), equipos con mejor ranking en la la UEFA.

Cuarta División Europea: la cuarta división europea estaría conformada por los clubes de la posición 61-80 del ranking de la UEFA. De acuerdo con el ranking de la UEFA, en esta división podríamos encontrar equipos más diversos, representantes de diferentes federaciones de Europa, como es el caso del Gent o Anderlecht de Bélgica, en ocasiones participantes de la Champions League, el AZ Alkmaar de Holanda, Tel-Aviv de Israel, PAOK y AEK de Grecia y Fenerbache de Turquía, entre algunos equipos más conocidos por provenir de las ligas top de Europa, como Granda, real Sociedad, Getafe, Espanyol y Betis, de España, o los Wolves de Inglaterra.

Tercera División Europea: esta división estaría conformada por los equipos del 41-60 del ranking de la UEFA, y tendría nombres más conocidos, equipos que incluso están siendo considerados para el proyecto de la Superliga Europea que se está proponiendo en las cúpulas de los clubes de Inglaterra y España antes mencionados, por ejemplo, el caso del AC Milán, que si está por acá es porque ha tenido años muy malos. Pero también aparecen nombres como Marseille, PSV, Leicester, Monchengladbach y Schalke, clubes de primer nivel de sus ligas, entre otros como Celtic y Rangers de Escocia, Braga de Portugal, Young Boys de Suiza y Lokomotiv de Rusia.

Segunda División Europea: fútbol de primerísimo nivel, participantes frecuentes de la Champions League y la Europa League, hablamos de una división conformada por los clubes de la posición 21-40 del ranking de la UEFA, integrada por Leipzig, Salzburg, Benfica, Leverkusen, Inter de Milán, Atalanta, Villarreal Zenit, Basel, Besiktas, Sporting, Lazio, Valencia y Mónaco, por mencionar a los de más nombre, entre otros quizá menos conocidos, pero también frecuentes de las grandes citas europeas, como Dinamo Zagreb, que eliminó a Tottenham de la Europa League el día que se escribió este fragmento de este artículo, Olympiacos de Grecia, CSKA de Rusia y Dynamo Kiev de Ucrania.

Primera División Europea: la razón por la que estamos aquí, solo lo mejor de lo mejor, los clubes de mayor historia, tradición y éxito, las barras más entregadas, los equipos con más dinero, los que se hicieron a billetazos y los que llevan una centena de años trabajando por ganarse este puesto, los ubicados entre el 1-20 en el ranking de la UEFA que del menos bueno al mejor se conforman por: Napoli, Lyon, Ajax, Shakhtar, equipos que, de haber terminado así la tabla, no habrían clasificado para la nueva Champions League y cederían su lugar divisional a Leipzig, Salzburgo, Benfica y Leverkusen, los mejor ubicados en la segunda división. En las posiciones 13-16 tenemos a Chelsea, Tottenham, Porto y Roma, clubes que de un día a otro se levantan o se caen, como es el caso de Chelsea con Thomas Tuchel o Tottenham con Mourinho. El bloque del 9-12 estaría conformado por Borussia, Arsenal, Sevilla y Liverpool, clubes que pelearían tanto por ser campeones como por no descender, que se han ganado su lugar en la Primera División Europea a base de trabajo, pues para Sevilla, máximo campeón de la Europa League, relegarlo a una segunda división no suena justo, pero para estar en la élite se tendría que trabajar semana a semana. El siguiente bloque se compondría por las posiciones del 5-8, hablamos del Manchester United, París, Atlético de Madrid y Manchester City, algunos de los clubes con mejor práctica de fútbol en la actualidad y que nos entregarían duelos apasionantes y de máximo nivel. Y, finalmente, el cuadro de máximo honor, los equipos del 1-4, Juventus, Barcelona, Real Madrid y Bayern Munich, que si bien los primeros tres no se encuentran en su mejor momento, no cabe duda que han sido de lo mejor de la élite del fútbol europeo y del fútbol mundial.

Puedes encontrar en la página oficial de la UEFA este ranking actualizado para que revises cómo se conformarían las divisiones.

Y en todo esto, ¿dónde queda el aficionado?

A título personal, para mí solo existen dos maneras de ver todo esto: la primera es aquella en la que nos quedamos con lo que tenemos, porque lo que tenemos no necesariamente está mal; incluso podríamos llegar a corregir sus áreas de oportunidad y disfrutar de una “versión detallada” de lo que el fútbol europeo e internacional puede ofrecernos. No está mal ver las ligas los fines de semana, no está mal ver Champions martes y jueves y, cuando el partido lo amerita, invertir unas horas en ver un buen partido de la Europa League. No está mal que los campeones se enfrenten en la Supercopa de Europa al principio de cada nueva temporada, y tampoco está mal ver un “Mundialito” de clubes durante Navidad, en esos días en los que, por lo general, además de estar con la familia no hay mucho que hacer, y el fútbol se termina convirtiendo en un alivio.

No está mal, pero… ¿y si nos arriesgamos? ¿Qué pasaría si la UEFA y la FIFA se atrevieran e hicieran una reforma absoluta alrededor del fútbol? El entretenimiento son esas actividades a las que acudimos para no caer en el aburrimiento cuando no tenemos nada fundamental que hacer, y actualmente, con la democratización de la producción de información y contenido, dicho de una formal simple: entretenimiento, ganar el favor del tiempo de las audiencias que buscan cómo “invertir” esas horas, a veces minutos, en las que pueden hacer uso de su dispositivo digital favorito para entretenerse, se convierte en la tarea absoluta de cualquier persona cuya actividad productiva se encuentre en las áreas del entretenimiento, o, como dirían algunos filósofos y estudiosos de la materia: de la industria cultural. Hoy, en esa industria cultural compite El Clásico de España con la transmisión de 24 horas a través de Twitch de una chica que a los 16 años decidió que podía encontrar una mejor manera de ganarse la vida que continuando sus estudios. Los eSports, el deporte en físico, las artes, los cursos de prácticamente cualquier cosa, o simplemente leer noticias. Todo ese contenido inunda la red y abruma a la audiencia, una audiencia conformada de individuos que tendrán gustos diferentes y, por lo tanto, tomarán decisiones diferentes. Algunos se pondrán sus tacos, tomarán la pelota e irán a la cancha del vecindario, por lo general una calle relativamente bien construida, para patear la pelota con los amigos mientras unos cuantos vecinos de edad más avanzada los miran desde las sillas, por lo general en camiseta o sin camisa, mientras cae la noche y vuelven a sus casas; otros prenderán la consola para jugar un partido de FIFA, algunos irán directo a Twitch para ver cómo juegan esos que juegan FIFA; los menos tomarán un libro o simplemente se pondrán a leer noticias; a los que nos gusta ver fútbol, ¿qué nos gustaría ver?

De verdad, y lo digo con todo el respeto que cualquiera que se sienta referido me merece, ¿de verdad es tan importante que en Argentina un pibe mire un Dijon vs Nantes? ¿Se vuelve fundamental mantener viva la memoria de un Hertha Berlin vs Mainz 05 en Brasil? ¿Hay necesidad de que en Colombia alguien gaste 90 minutos de su vida viendo un Torino vs Spezia? ¿Qué buena razón tendría un estadounidense para ver Brighton vs Newcastle en lugar de un partido de la NHL, NBA, MLB o la misma NFL? ¿Por qué veríamos en México un Elche vs Valladolid en lugar de un Juárez vs Necaxa? Si al final, y para propósitos culturalmente locales, un par de victorias de Juárez podrían meterlo en la posición 12 de nuestra liga, el último lugar del repechaje, dejando detrás las esperanzas de San Luis, Tigres, Pumas y Chivas de hacerse con la misma posición y dándonos un buen motivo para bromear con el infortunio de algunos amigos aficionados a esos equipos. ¿De verdad importa? Sí. Importa por el valor cultural, social y muchas veces político de las aficiones locales. Pero si lo que buscan es dinero, definitivamente está lejos de la pobre visión con que hoy se manejan las grandes instituciones de nuestro deporte.

Si se va a tomar el riesgo de la innovación, que se haga en grande, ya sea como proponemos a lo largo del texto de este trabajo o de cualquier otra manera que haga que el aficionado se sienta más atraído por ver un partido de fútbol en el estadio o alguna pantalla que por entrar a Twitch a ver cualquier otra cosa. Si se va a reformar el fútbol, que se haga como se tienen que hacer hoy la cosas: pensando internacionalmente. Y si no, entonces que no toquen nada, porque para satisfacer los objetivos financieros del pequeño grupo de empresarios que están diseñando desde sus oficinas los borradores del proyecto de la Superliga, mejor nos quedamos como estamos, que como estamos no estamos mal.

Independientemente de lo que termine pasando, no perdamos de vista que la esencia del fútbol y el placer intelectual, emocional y físico que nos provoca no recae en un formato. Cuando las primeras esferas cuya materialidad era diversa comenzaron a girar por el mundo, nadie estaba pensando en estructuras complejas para enfrentar rivales hasta obtener a un campeón. Me gusta pensar que cuando las primeras pelotas comenzaron a rodar por el mundo, solo había dos personas involucradas: uno que pateaba el balón por pura diversión hasta que un milagroso día impactó la pelota de modo que la hizo cruzar entre los troncos de dos grandes árboles, sintiendo por primera vez ese júbilo indescriptible de marcar un gol, aunque en ese momento no supiera lo que estaba haciendo; en ese mismo lugar, unos cuantos metros a la distancia, alguien miraba el afán con el que esa persona llevaba, al parecer sin razón, la pelota de un lado a otro de la planicie hasta que, sin pensarlo, el momento mágico ocurrió y desde lo más profundo de su ser una descarga lo hizo llevar sus manos al cielo. No pudo evitar pronunciar algunos sonidos arcaicos que en ese momento no significaban nada, pero compartió la emoción que aquel primer goleador de la historia sintió. En ese momento, el primer jugador de fútbol de la historia voltea a ver al primer aficionado, sintieron algo de pena, pero sonrieron, sonrieron porque sabían que, a su manera arcaica de comenzar a desarrollar las cosas, algo mágico estaba naciendo.

Al final, no se vive ni se juega al fútbol como una institución lo diga. Se vive el fútbol como el hincha dicta que se viva el fútbol. Se juega al fútbol como la pelota quiere que se juegue al fútbol.

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