La suerte sí juega
Por Rodrigo Cardoso
5 Abr, 2021

Las opiniones de esta columna no representan las de Cambio de Juego.

Quedó definido el camino hasta la final de la Champions League y la pregunta que todos nos hacemos es “¿Quién la ganará este año?”. Todos los equipos tienen fortalezas y debilidades que pueden ser analizadas, pero, como en cualquier torneo de eliminación directa, lo que definitivamente van a necesitar para levantar el trofeo es suerte, ya que este formato abre la posibilidad de que haya más sorpresas y accidentes. Por eso, esta es la oportunidad perfecta para explicar el papel que la suerte juega en los torneos de eliminación directa.

Sorteo de la Champions League 2021.

Por alguna razón, la mente humana suele resistirse a la idea de la suerte, de que a veces las cosas pasan simplemente porque sí, pero contrario a lo que se piensa, la suerte, el azar y las casualidades juegan un gran papel.

El azar y la casualidad

Pronosticar un ganador en un torneo de eliminación directa siempre va a ser complicado, pues a diferencia de los torneos de liga, donde el equipo de más calidad suele imponerse, en un torneo de eliminación directa, no necesariamente el mejor equipo será campeón. Aquí, el más mínimo detalle puede decidir un partido: un penal, un autogol, un resbalón, un rebote, un desvío, un error del portero, un fuera de lugar milimétrico (con o sin VAR), una expulsión o una lesión son cosas que no se pueden prever y que, en un deporte que por naturaleza es de pocas anotaciones, pueden ser la diferencia entre avanzar y ser campeón o quedar eliminado.

En un juego de liga también se puede perder por una casualidad, esto no es un fenómeno exclusivo de la eliminación directa. La diferencia es que en una liga, cualquier accidente se compensa con la gran cantidad de partidos que se juegan. Puedes perder un partido 1-0 con un autogol de último minuto en la jornada 1, pero, (si es un torneo largo) tienes treinta y tantos partidos más para recuperarte; entonces, a la larga, ese accidente se diluye. Hasta el mejor equipo y máximo favorito puede perder por una jugada desafortunada, pero si le pasa eso en una fase de eliminación directa, se acabó su participación. A la larga, el talento siempre saldrá victorioso, pero en la inmediatez, la suerte y las casualidades tienen mayor peso.

Por poner un ejemplo de cómo un mal partido en un mal día pueden echar a perder todo, veamos el caso de Egipto en la eliminatoria rumbo al Mundial 2014. Los faraones ganaron sus seis partidos de la ronda de grupos (la cual podemos considerar como una especie de micro liga) y avanzaron a la ronda final, que era a eliminación directa.

Ahí, en el partido de ida, todo lo malo que podía pasar, les pasó. Cayeron 6-1 ante Ghana pero hay que ver cómo se dieron algunos de los goles: el segundo se origina por un mal pase hacia atrás en la salida y termina en autogol; y en el quinto, un mal control del defensa hace que pierda el balón y termine cometiendo un penal. Incluso Ghana tuvo suerte: en el cuarto gol, el delantero hace un remate descompuesto pero el balón sale justo hacia donde estaba un compañero, quien sólo tuvo que empujar con la cabeza.

Egipto ganó el partido de vuelta 2-1 pero no le alcanzó. En total, ganaron siete de sus ocho partidos en esa eliminatoria, pero un mal partido, en fase de eliminación directa, los dejó fuera.

El caso contrario es el Leganés de Javier Aguirre que descendió en la liga española en 2020. En el último partido, ante el Real Madrid, necesitaban ganar para mantenerse en Primera. En los últimos minutos del encuentro, con el marcador empatado, hubo una jugada polémica donde se alegaba que el árbitro no marcó un posible penal en favor del Leganés, que, de haberlo convertido, habría significado la salvación.

El partido terminó y el equipo de Aguirre perdió la categoría, y en todos lados los encabezados eran “Leganés desciende por un penal no marcado”, “Robo al Leganés” (en parte porque el rival era el Real Madrid y decir que el Madrid roba garantiza clicks), pero realmente no descendieron por esa jugada: descendieron porque en las primeras 15 jornadas sólo ganaron un partido; descendieron por no ganarle a sus rivales directos cuando tuvo la oportunidad. El descenso del Leganés fue consecuencia de lo que hicieron (o no hicieron) en 38 jornadas, no por un penal no marcado en el último juego.

Volviendo a la Champions League, tomemos como ejemplo a Pep Guardiola, uno de los mejores entrenadores de la actualidad pero que ha sido cuestionado por no ganar la Champions con dos de los equipos más ricos y con los mejores planteles de Europa, el Bayern München y Manchester City.

¿Qué ha impedido que los equipos de Guardiola lleguen a la final?

En las semifinales del 2012, Messi falló un penal ante el Chelsea que hubiera sido el 3-1 parcial ante un equipo que jugaba con 10.

En 2015, su equipo llegó al partido de ida de semifinales sin tres de sus pilares: Ribéry, Robben y Alaba, todos ausentes por lesión. Perdió 3-0.

En las semifinales del 2016 contra el Atlético, Thomas Müller falló un penal que pudo haber puesto al Bayern en ventaja. Quedó fuera por goles de visitante.

En 2018, en el juego de vuelta de cuartos ante el Liverpool, el City anota un gol en el que el balón le rebota a un jugador del Liverpool y Sané la empuja, pero el árbitro marcó fuera de lugar cuando el gol era legítimo.

En 2019, en cuartos ante el Tottenham, Agüero falló un penal en los primeros minutos del partido de ida. Si lo metía, el City se ponía arriba con un gol de visitante que hubiera cambiado todo el panorama de la serie. Luego, en el juego de vuelta, Sterling anotó en tiempo de compensación para completar una remontada heroica, pero el VAR descubrió que estaba tres milímetros adelantado.

En 2020, en cuartos ante el Lyon, estando abajo 1-2, Sterling se encontró con un balón rodando a tres metros de la portería con el portero completamente fuera de la jugada, y la voló.

Ante esas situaciones, ¿qué puede hacer Guardiola (o cualquier otro entrenador)? Puedes preparar a detalle todos los partidos, puedes tener excelentes jugadores, pero ante situaciones así, poco se puede hacer.

Imagen: goal.com

Toni Kroos y Thomas Müller, quienes fueron dirigidos por Guardiola, atribuyen la falta de títulos a la mala suerte:

“Llegó a tres semifinales con el Bayern, estuvo cerca. Müller falló un penal. Pep no puede hacer nada contra eso, la verdad. Los equipos de Pep siempre son contendientes, pero en eliminación directa, muchas cosas pueden pasar. Con un poco de suerte, hubiera ganado más Champions Leagues.” dice Kroos.

Müller: “En esos partidos, más cosas pueden salir más que en el transcurso de 34 o 38 partidos de liga, especialmente cuando te enfrentas a un equipo fuerte. Tienes menos capacidad para compensar errores individuales que te castigan de manera severa. Simplemente, eres más vulnerable en esos juegos”.

Los cruces del sorteo

Otra cosa que influye mucho en los torneos de eliminación directa son los cruces. ¿Cuántas veces hemos escuchado eso de que “para ser campeón hay que ganarle a los mejores”? Esa frase suena bonita y es buena como motivación, pero la realidad es que muchas de tus posibilidades de hasta donde puedes llegar en el torneo dependen de qué rivales te toque enfrentar.

En un torneo de liga no hay escapatoria, hay que enfrentar a todos, pero en los torneos de eliminación directa, si tienes la suerte de que los cruces te favorezcan y los rivales fuertes vayan cayendo en el camino o se eliminen entre ellos, tus posibilidades van a seguir aumentando.

En esta ocasión, los tres grandes favoritos a llevarse el título, Bayern München, Manchester City y Paris Saint-Germain, quedaron todos del mismo lado del cuadro, lo cual abre la posibilidad de que un equipo menos fuerte llegue a la final e incluso sea campeón.

¿Quién tiene más posibilidades de llegar a la final, el Borussia Dortmund, que tiene que enfrentar al City, Bayern y PSG, o, digamos, el Chelsea, que en su camino tiene al Porto y a dos equipos que no pasan por buen momento como Real Madrid y Liverpool?

¿Es el Chelsea uno de los tres o cuatro mejores equipos de Europa? Quizás sí, quizás no, pero definitivamente se le abrieron las aguas y ahora sus posibilidades de llegar a la final aumentaron considerablemente gracias a los cruces.

Para ilustrar cómo los cruces pueden aumentar o disminuir tus posibilidades de llegar lejos, veamos un par de ejemplos.

En la Euro 2016, de un lado quedaron todas las potencias: Alemania, Francia, Italia, España e Inglaterra. Del otro lado, quedaron equipos que nunca habían ganado el torneo y eso abrió las posibilidades de ver en las fases más avanzadas a equipos no habituales. Gales (país de cuya cultura deportiva que hablamos aquí) llegó a semifinales. ¿Lo habrían logrado del otro lado de la llave?

Lo mismo pasó en el Mundial del 2002, uno de los más caóticos de la historia. Francia, Uruguay, Portugal y Argentina cayeron en la primera ronda y eso abrió las aguas. Miren la parte derecha de abajo: un semifinalista iba a salir de la llave entre Suecia, Senegal, Japón y Turquía. Todos ellos sonrieron al ver ese cuadro.

Volviendo a la Champions League de este año, seguramente todos los equipos del lado derecho del cuadro salieron del sorteo pensando en esta frase de Homero al ver la suerte que tuvieron de que todos los pesos pesados tendrán que eliminarse entre ellos del otro lado.

Otra particularidad es que en los torneos de eliminación directa no necesitas ganar los partidos para avanzar. Es más, ni siquiera necesitas meter gol. Si ganar el partido se vuelve complicado (ya sea porque el rival es mejor o porque te quedaste con un jugador menos), puedes jugar al empate e intentar lograr el pase en los penales, donde también la suerte influye (¿alguien recuerda John Terry resbalándose en la final del 2008?). Eso abre las posibilidades de que un equipo con menos recursos pueda avanzar.

Por ejemplo, Paraguay se abrió camino hasta la final de la Copa América 2011 con puros empates: empató los tres juegos de primera ronda; en cuartos de final terminó 0-0 con Brasil y le ganó en penales, y ya en semifinales, nuevamente quedó 0-0 con Venezuela y logró el pase a la final en penales. El Mundial se puede ganar con seis empates y una derrota, y en la Champions League, en su formato normal, un equipo puede salir campeón con 11 empates y dos derrotas.

A esto hay que sumar otro factor importante: las lesiones. En la última Fecha FIFA, jugadores clave para sus equipos como Robert Lewandowski y Sergio Ramos se lesionaron y se perderán los partidos de cuartos de final. Y además, no olvidemos que estamos en medio de una pandemia, por lo que es posible que así como hay bajas por lesión, haya bajas por Covid. Imaginen que el mejor jugador de un equipo se pierde algún partido por dar positivo a este virus.

¿Quién será campeón? Evidentemente son favoritos los mejores equipos, pero su talento solo no bastará: deberán tener suerte, porque un bote extraño del balón o un resbalón pueden echar todo a perder. Lo lindo de los torneos de eliminación directa es que en un buen día y con un poco de suerte, cualquiera puede ganar. Larga vida a los torneos de eliminación directa.

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