El problema del formato del Mundial de Clubes
Por Rodrigo Cardoso
1 Feb, 2021

Las opiniones de esta publicación no representan las de Cambio de Juego.

El Mundial de Clubes fue creado como sustituto de la Copa Intercontinental con el objetivo de darles a los campeones de todas confederaciones la oportunidad de enfrentarse entre sí. Aunque la idea es ciertamente interesante, el formato que le dio la FIFA trae consigo varios problemas que repasaremos ahora.

En el actual formato participan los campeones de las seis confederaciones más el campeón de la liga del país donde se juega el torneo, en un intento de hacerlo más atractivo para el público local, y cada equipo entra en competencia en diferentes rondas: primero hay una fase preliminar donde el equipo local juega ante el de Oceanía; en cuartos de final aparecen los equipos de África, Asia y Concacaf, y entran directamente a semifinales los campeones de Sudamérica y Europa.

Este año no habrá ronda preliminar porque el representante de Oceanía declinó participar debido a la pandemia, por lo que el campeón local avanza directamente a cuartos de final.

El torneo se juega a eliminación directa a un solo partido, y si bien ese formato es emocionante porque permite más sorpresas, también hace que el azar y la casualidad tengan mayor impacto. Cualquier jugada accidental como un penal, una expulsión o un autogol te puede hacer perder el partido y como no hay un siguiente juego, se acabó tu participación. El margen de maniobra es cero.

Esto es especialmente cruel con los equipos que juegan la ronda preliminar, pues si pierden, ni siquiera hay un juego de consolación. Para los perdedores en cuartos de final, queda como consuelo jugar el partido por el quinto lugar, donde algunos equipos optan por poner jugadores que no tuvieron actividad en el primer juego para que al menos tengan minutos y no digan que viajaron hasta el otro lado del mundo para quedarse en la banca. Sin embargo, el perdedor de la ronda preliminar no puede hacer eso. Imagina tener que esperar varios meses y viajar miles de kilómetros para llegar a un torneo en el que si pierdes el primer juego por culpa de un penal mal marcado, tienes que volver a casa inmediatamente.

Si este formato de perder un partido y adiós es cruel, lo es todavía más con el campeón de Oceanía. ¿Por qué siempre es el de Oceanía quien tiene que jugar esta ronda previa? ¿Por qué no sortear al equipo que juega la ronda preliminar? Es como si FIFA le dijera a Oceanía “sí, bueno, mira, aunque los demás pierdan su primer partido, les vamos a dar chance de jugar otro de consolación, pero a ti no, si tú pierdes tu primer partido, te vas”.

El segundo problema es causado por el primero. Este formato le pone a los equipos presión innecesaria y los convierte en blanco fácil de la crítica. En países como México, donde los medios y aficionados esperan que sus equipos alcancen por lo menos el tercer lugar, y donde cualquier otro resultado es catalogado como “fracaso”, perder el primer partido desencadena una oleada de cuestionamientos y críticas, tal como le pasó al América en 2015 al perder su primer partido con un gol de último minuto ante el Guangzhou Evergrande de China. Debido al formato, las Águilas ya no tuvieron oportunidad de recuperarse, y si bien no es el único mexicano que ha perdido su primer partido, la forma en la que se dio resalta aún más el problema del formato.

FIFA no permite reproducir el video aquí, pero pueden darle clic y los llevará a YouTube.

El tercer gran problema del formato son los privilegios de los que gozan los sudamericanos y europeos. Todos entendemos que los campeones de la Copa Libertadores y la Champions League tienen un nivel superior al resto, sobre todo éste último. Según el formato del torneo, Europa y Sudamérica sólo tienen que jugar dos partidos para ser campeones; África, Asia y Concacaf deben jugar tres, y Oceanía o el local, cuatro.

Además, en los torneos de FIFA, dos amonestaciones en dos partidos tienen como consecuencia que el jugador sea suspendido para el partido siguiente. Entonces, si un jugador de un equipo no europeo o sudamericano es amonestado en cuartos de final y de nuevo en semifinales, automáticamente se perdería una posible final, pero los sudamericanos y europeos no tienen ese problema, porque como sólo juegan un partido antes de la final, no corren el riesgo de perder a un jugador por acumulación de amarillas.

Entonces, si ya de por sí sudamericanos y europeos son superiores ¿por qué darles el privilegio de entrar directamente en semifinales, descansados y enfrentar rivales inferiores que encima ya tienen uno o dos partidos de desgaste y que podrían tener bajas por suspensión?

Esa fue una pregunta retórica. Evidentemente, entendemos que hay un interés comercial en que la final sea Sudamérica vs Europa, pero podría ser un poco menos descarado (?)

Para ejemplificar los problemas del formato del Mundial de Clubes, imaginemos que la ahora extinta Copa Confederaciones hubiera adoptado este sistema. Este torneo sirve bien como ejemplo porque el método de clasificación era el mismo que para el Mundial de Clubes: hay que ganar el torneo de su respectiva confederación. Para ello, vamos a usar como ejemplo a los equipos participantes de la última edición.

Supongamos que en la Confederaciones hubiera existido una ronda previa a un partido entre el local, Rusia, y Nueva Zelanda. El perdedor se va a casa después de sólo un partido y el ganador enfrenta en cuartos de final a México, mientras que en la otra llave se enfrentan Camerún y Australia. Los ganadores de estos partidos avanzan a semifinales, ronda a la que entrarían directamente Portugal y Chile por ser los campeones de las zonas más fuertes. ¿Habría tenido aceptación un torneo así?

¿Cómo solucionar esto?

Esto es sólo un ejercicio ocioso porque FIFA ya aprobó un nuevo “súper Mundial de Clubes” que se jugará a partir de 2022 o 2023 con 24 equipos; sin embargo, habría sido posible hacer el torneo más justo y equilibrado para todos los equipos con el número de participantes actuales con ligeros ajustes en el formato.

La propuesta es sencilla: jugar solamente con los seis campeones continentales, descartar el formato de eliminación directa y dividir a los equipos en dos grupos de tres. Cada quien jugaría dos partidos dentro de su grupo y después, los ganadores de cada sector disputarían la final; los equipos en segunda posición jugarían por el tercer lugar; y los que terminaron al fondo del grupo, irían al partido por el quinto lugar.

Esto solucionaría varios problemas del formato actual. Al haber una ronda de grupos (aunque sea muy corta) se evita que los equipos queden fuera de la competencia después de sólo un partido, pues pase lo que pase, todos tienen garantizado jugar tres partidos. Al aumentar el número de juegos y eliminar el riesgo de quedar fuera después de apenas un partido, los equipos podrían utilizar a más jugadores y tendrían la oportunidad de desplegar mejores ideas futbolísticas, pues se eliminaría el miedo de una pronta eliminación. Incluso si un equipo pierde sus dos partidos de grupo, aún tendría la posibilidad de jugar un tercero para aspirar al quinto lugar. En general, es un formato menos agresivo.

Este formato también elimina privilegios. Todos los equipos inician en el mismo punto y deben jugar el mismo número de partidos para ser campeones. Además, evita que el campeón de Oceanía sea tratado de forma injusta teniendo que jugar una ronda preliminar.

Finalmente, el número de partidos no cambiaría mucho: con el formato actual se juegan ocho partidos, y con el nuevo formato, serían nueve, por lo que el torneo no se alargaría demasiado.

¿Funcionaría ese formato? Tal vez. ¿Lo aceptarían los equipos? Quizás Concacaf, Asia, África y definitivamente Oceanía dirían que sí, pero los sudamericanos, y sobre todo los europeos, seguramente se opondrían. Si ya de por sí ellos se quejan de tener que interrumpir su actividad en sus ligas a media temporada para tener que ir al otro lado del mundo a jugar dos partidos de relativamente bajo nivel, pensar en que acepten jugar tres luce bastante improbable.

De cualquier modo, FIFA ha dado luz verde a un Mundial de clubes mucho más grande y habrá que ver si esa es la solución necesaria.

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