El absurdo formato del Mundial de Clubes
Por Rodrigo Cardoso
18 Dic, 2023

Las opiniones de esta publicación no representan las de Cambio de Juego.

En 2005, FIFA sustituyó la Copa Intercontinental por el Mundial de Clubes para darle a los campeones de todas confederaciones la oportunidad de enfrentarse entre sí, no sólo a los de Sudamérica y Europa. Aunque la idea es ciertamente interesante, el formato que le dio la FIFA trae consigo varios problemas que repasaremos ahora.

En el actual formato participan los campeones de las seis confederaciones más el campeón del país donde se juega el torneo. Sin embargo, todos inician en puntos diferentes: primero hay una fase preliminar donde el equipo local juega ante el de Oceanía; en cuartos de final aparecen los de África, Asia y Concacaf, y a las semifinales acceden directamente los campeones de Sudamérica y Europa.

Para la edición 2023, eliminaron el partido por el 5° lugar.

 

Eliminación directa, emocionante pero cruel (e injusto con Oceanía)

 

El torneo se juega a eliminación directa a un solo partido, y siempre he sido partidario de ese formato porque permite más sorpresas, ya que el azar y la casualidad tienen mayor impacto. Un penal, una lesión, un resbalón, una expulsión, un mal pase, una decisión arbitral cerrada o un autogol te pueden hacer perder el partido y se acabó tu participación. El margen de maniobra es cero.

Sin embargo, en este caso, ese formato no funciona y es especialmente cruel con los equipos que juegan la ronda preliminar, pues si pierden, ni siquiera hay un juego de consolación. Para los perdedores en cuartos de final, quedaba como consuelo jugar el partido por el quinto lugar (hasta 2022 porque en 2023 lo quitaron), donde algunos equipos optaban por poner jugadores que no tuvieron actividad en el primer juego para que al menos tuvieran minutos y no viajaran hasta el otro lado del mundo para quedarse en la banca. Sin embargo, el perdedor de la ronda preliminar no puede hacer eso. Imagina tener que esperar varios meses y viajar miles de kilómetros para llegar a un torneo en el que un fuera de lugar mal marcado te haga volver a casa después de sólo un partido.

Otros torneos tienen etapas de eliminación directa, pero son precedidos de una ronda de grupos, donde al menos, si pierdes un partido, puedes intentar recuperarte en los siguientes para avanzar. En el Mundial de Clubes eso no se puede.

Si este formato donde pierdes un partido y dices adiós es cruel, lo es todavía más con el campeón de Oceanía. ¿Por qué siempre es el representante de la OFC quien tiene que jugar esta ronda previa? ¿Por qué no sortear al equipo que juega la ronda preliminar? Es como si FIFA le dijera a Oceanía “sí, bueno, mira, aunque los demás pierdan su primer partido, les vamos a dar chance de jugar otro como consolación, pero a ti no. Si tú pierdes tu primer partido, adiós”.

Esto lleva a otro problema. Este formato le pone a los equipos presión innecesaria y los convierte en blanco fácil de la crítica. En países como México, donde los medios y aficionados esperan que sus equipos alcancen por lo menos el tercer lugar, y donde cualquier otro resultado es catalogado como “fracaso”, perder el primer partido desencadena una oleada de cuestionamientos y críticas.

Creo que el mejor ejemplo es el América en 2015. Las Águilas perdieron su primer partido con un gol de último minuto ante el Guangzhou Evergrande de China, y debido al formato, ya no tuvieron oportunidad de recuperarse. Si bien no es el único mexicano que ha perdido su primer partido, la forma en la que se dio (y que con el América todo se magnifica) resalta aún más el problema del formato.

FIFA no permite reproducir el video aquí, pero pueden darle clic y los llevará a YouTube.

 

Es un torneo con privilegios

 

El tercer gran problema del formato son los privilegios de los que gozan los sudamericanos y europeos. Todos entendemos que los campeones de la Copa Libertadores y la Champions League tienen un nivel superior al resto (y decir que los sudamericanos son superiores ya no es tan cierto, como explicamos en esta nota). Con este formato, Europa y Sudamérica sólo tienen que jugar dos partidos para ser campeones; África, Asia y Concacaf deben jugar tres; y Oceanía y el local, cuatro.

Además, en los torneos de FIFA, recibir amonestación en dos partidos tiene como consecuencia que el jugador sea suspendido para el encuentro siguiente. Entonces, si un jugador de un equipo no europeo o sudamericano es amonestado en cuartos de final y nuevamente en semifinales, automáticamente se pierde la final. Sin embargo, los sudamericanos y europeos no tienen ese problema, porque como sólo juegan un partido antes de la final, no corren el riesgo de perder a un jugador por acumulación de amarillas.

Otra consideración es que todos los demás tienen que jugar uno o dos partidos para llegar a semifinales, lo cual implica desgaste físico (sobre todo si tienen que jugar tiempo extra), pero los sudamericanos y europeos llegan sin esos minutos en las piernas.

Entonces, si ya de por sí sudamericanos y europeos son en el papel superiores ¿por qué darles el privilegio de entrar directamente en semifinales, descansados y enfrentar rivales inferiores que encima ya tienen uno o dos partidos de desgaste y podrían tener bajas por suspensión?

Esa es naturalmente fue una pregunta retórica. Cualquiera entiende que hay un gran interés comercial en que la final sea Sudamérica vs Europa, pero al menos podrían ser un poco menos descarados (?). Si son tan buenos, demuéstrenlo.

Para ejemplificar lo absurdo del formato del Mundial de Clubes, imaginemos que la ahora extinta Copa Confederaciones (un torneo que me encantaba y deseo que vuelva) hubiera adoptado este sistema. Este torneo sirve bien como ejemplo porque el método de clasificación era el mismo que para el Mundial de Clubes: tienes que ser campeón de tu confederación. Para ello, vamos a usar como ejemplo a los equipos participantes de la última edición, en 2017.

Supongamos que en la Confederaciones hubiera existido una ronda previa a un partido entre el local, Rusia, y Nueva Zelanda. El perdedor se va a casa después de sólo un partido, y el ganador enfrenta en cuartos de final a México, mientras que en la otra llave se enfrentan Camerún y Australia. Los ganadores de estos partidos avanzan a semifinales, donde entrarían directamente Portugal y Chile por ser de las zonas más fuertes. ¿Habría tenido aceptación un torneo así? ¿Entonces por qué aceptamos esto en el Mundial de Clubes?

 

¿Cómo solucionar esto?

 

Esto es sólo un ejercicio ocioso porque FIFA ya aprobó un nuevo “súper Mundial de Clubes” que se jugará a partir de 2025 con 32 equipos; sin embargo, creo que con ligeros ajustes en el formato habría sido posible hacer un torneo más justo y equilibrado para todos.

La propuesta es sencilla: jugar solamente con los seis campeones continentales, descartar el formato de eliminación directa y dividir a los equipos en dos grupos de tres. Cada quien jugaría dos partidos dentro de su grupo y después, los ganadores de cada sector disputarían la final; los segundos de grupo jugarían por el tercer lugar; y los que terminaron al fondo irían al partido por el quinto lugar.

Esto solucionaría varios problemas del formato actual. Al haber una ronda de grupos (aunque sea muy corta) se evita que los equipos queden fuera de la competencia después de sólo un partido, pues pase lo que pase, todos tienen garantizado jugar tres partidos. Al aumentar el número de juegos y eliminar el riesgo de quedar fuera después de sólo un partido, los equipos podrían utilizar a más jugadores y se eliminaría el miedo de una pronta eliminación. Incluso si un equipo pierde sus dos partidos de grupo, aún tendría la posibilidad de jugar un tercero para aspirar al quinto lugar. Es un formato menos agresivo.

Este formato también elimina privilegios. Todos los equipos inician en el mismo punto y deben jugar el mismo número de partidos para ser campeones. Además, evita que el campeón de Oceanía sea tratado de forma injusta teniendo que jugar una ronda preliminar.

Finalmente, el número de partidos no cambiaría mucho: con el formato actual se juegan ocho partidos, y con el nuevo formato serían nueve, por lo que el torneo no se alargaría demasiado.

¿Funcionaría ese formato? Tal vez. ¿Lo aceptarían los equipos? Quizás Concacaf, Asia, África y definitivamente Oceanía dirían que sí, pero los sudamericanos, y sobre todo los europeos, seguramente se opondrían. Si ya de por sí se quejan de tener que interrumpir su actividad en sus ligas a media temporada para tener que ir al otro lado del mundo a jugar dos partidos de relativamente bajo nivel (seamos honestos), pensar en que acepten jugar tres luce bastante improbable.

De cualquier modo, esto se quedará sólo en el bote de ideas porque FIFA ha dado luz verde a un Mundial de clubes de 32 equipos. ¿Es esa la solución?

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