¿Cómo es dirigir al Real Madrid?
Por Rodrigo Cardoso
1 Jun, 2021

“En el Real Madrid, ganar no es un objetivo, es una obligación. Cuando ganábamos, no sentía alegría o felicidad, sólo alivio” son las palabras de Ramón Calderón, presidente del club de 2006 a 2009 al preguntarle cómo es la vida en el equipo más exigente del mundo.

Desde luego, dirigir a un club así no es fácil: en los últimos 30 años, el Real Madrid ha tenido 25 entrenadores, de los cuales sólo 11 completaron una temporada, y apenas dos pueden presumir de haber dirigido tres temporadas completas sin interrupción: Vicente del Bosque y José Mourinho. Zinédine Zidane dirigió cuatro temporadas, pero en dos etapas.

Ganar no garantiza tener el puesto seguro: Fabio Capello llegó en 1996 y en su primera temporada ganó la liga, pero a pesar de ello, lo despidieron. Exactamente diez años después, la escena se repitió: tras tres temporadas sin título, Capello volvió con el objetivo de ganar la liga, lo hizo a la primera y aún así lo echaron porque decían que el equipo jugaba feo. Por su parte, otro italiano, Carlo Ancelotti, devolvió al Real Madrid a lo más alto de Europa tras una sequía de 12 años sin ganar la Champions League y a pesar de ello, un año después tuvo que hacer maletas.

Cualquiera reaccionaría así si fuera despedido del Real Madrid no una, sino dos veces.

Nada parece ser suficiente para mantenerse en el cargo. Uno pensaría que ganar dos ligas, dos Champions League, una Supercopa de Europa y una Copa Intercontinental en tres años serían suficientes para al menos ganarse una renovación de contrato, pero Vicente del Bosque puede dar fe de que ni con eso alcanza.

Del Bosque junto a Zidane en 2002.

Otros estuvieron tan poco tiempo que es difícil recordarlos: José Antonio Camacho inició la temporada 2004-05 pero renunció después de seis partidos. Su sucesor fue Mariano García Remón, quien duró apenas tres meses antes de ser reemplazado por Vanderlei Luxemburgo, quien dirigió hasta el final de la temporada. Es una de las cuatro veces en estos 30 años en las que el Real Madrid tuvo tres entrenadores en una temporada.

Alguno más fue víctima de sus propias palabras. En 2008, cinco días antes de un Clásico, Bernd Schuster dijo “El Barcelona está arrasando y este es su año. No es posible ganar en el Camp Nou”. Eso es algo que un entrenador del Real Madrid no puede decir. Al día siguiente, el alemán fue despedido y cuatro días después, ya con Juande Ramos al frente, el Real Madrid cayó 2-0 en el Camp Nou.

El Real Madrid no es un club donde un entrenador pueda echar raíces. ¿Por qué algunos tienen éxito y otros pasan con más pena que gloria, y cómo se vive sabiendo que sin importar cuántos títulos se ganen, la continuidad no está garantizada? Algunos antiguos entrenadores, jugadores y directivos del club tratan de explicar el fenómeno.

Los entrenadores más idolatrados hoy en día tienen control casi absoluto dentro del club, son exigentes con sus jugadores y buscan proyectos a largo plazo. Jürgen Klopp, Pep Guardiola, Diego Simeone, Mauricio Pochettino y Antonio Conte son algunos nombres que encajan en esa descripción. Sin embargo, ese perfil de entrenador no necesariamente es compatible en el Real Madrid.

Los entrenadores que más han durado, más títulos han ganado y son más apreciados en el Bernabéu tienen un perfil completamente opuesto: son los que “no dirigen”, aquéllos que Ramón Calderón describe como “maestros psicológicos”, tales como Ancelotti, Del Bosque y Zidane. No parece coincidencia que entre los tres hayan ganado seis Champions League para el club blanco.

¿Ganan porque son “de casa”? La sabiduría convencional en el fútbol dice que los entrenadores “de casa”, los que “conocen el club” pueden tener mejores resultados por su identificación con los colores. Por un lado, uno podría argumentar eso viendo a Del Bosque y Zidane, quienes jugaron en el Real Madrid y después iniciaron sus carreras como entrenadores en los equipos juveniles del club. Sin embargo, la sabiduría convencional olvida que Rafael Benítez y Julen Lopetegui también iniciaron sus carreras como entrenadores en las inferiores del club y fracasaron estrepitosamente cuando llegaron al primer equipo. Entonces, el “factor de casa” no es un argumento de mucho peso.

¿Cuál es la clave entonces? El éxito de Ancelotti, Zidane y Del Bosque se debe más a su trato personal con los jugadores y no a rigurosos métodos de entrenamiento. Saber manejar un vestidor lleno de estrellas es clave. Zidane fue una súper estrella como jugador, por lo que entiende cómo tratar a jugadores así. Hay otros entrenadores que quieren ser protagonistas como Mourinho y Benítez, pero Zidane es todo lo contrario: él deja que los protagonistas sean los jugadores. Evidentemente un entrenador necesita saber de táctica y estrategia, pero sobre todo, en el Real Madrid hay que saber hablar, y Zidane, Del Bosque y Ancelotti son excelentes en ese aspecto.

Otra cosa que tienen en común es que, quizás por coincidencia, los tres es que llegaron a calmar las aguas en el Bernabéu. Una práctica muy común en el mundo del fútbol es contratar a un entrenador con un perfil completamente distinto al anterior en un intento de “corregir el rumbo”. El entrenador galés John Toshack tuvo una tormentosa etapa en la que incluso criticó públicamente a sus jugadores. En su lugar llegó Del Bosque con un enfoque más relajado. “Era amigo de los jugadores”, decían. Años después, tras el riguroso y polémico Mourinho, llegó el relajado Ancelotti. Tras la salida del italiano, llegó Benítez con un régimen estricto que no duró y fue reemplazado por Zidane, quien dio más libertades a los futbolistas.

En su libro “Liderazgo silencioso”, Ancelotti habla de su llegada al Real Madrid. “Lo más importante al llegar fue calmar el vestidor después de la salida de Mourinho. Muchos jugadores estaban tocados y era importante establecer relaciones, sobre todo con los de mayor jerarquía”.

Ahora que Ancelotti regresa al equipo en 2021, tiene una tarea similar. El equipo no luce competitivo en Europa y sus principales figuras ya están en la veteranía, por lo que también deberá trabajar en recuperarlos mentalmente y empezar a renovar el plantel.

Ancelotti tiene fama de ser un entrenador muy relajado, tanto en los entrenamientos como en su trato con los jugadores. El italiano entiende cómo tratar a los jugadores para sacar lo mejor de ellos y con eso se gana su aprecio y respeto. Cuando se fue por primera vez en 2015, los líderes como Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo manifestaron públicamente su decepción su salida.

Ancelotti es recordado de buena manera por los jugadores del Real Madrid.

El mayor reto para un entrenador del Real Madrid es ejercer autoridad y recibir respeto pero entendiendo que el vestidor del Real Madrid no es cualquier cosa. Por pura calidad del plantel, el Madrid ganará la gran mayoría de sus partidos sin necesidad de mucha intervención del entrenador. El verdadero reto son los partidos de alta exigencia, y aquí es donde las cosas se vuelven complicadas: ¿Cómo prepararse para esos partidos? ¿Instaurar un proceso de trabajo con el objetivo de mantener al equipo a tope todo el tiempo o llevar la temporada de forma relajada y enfocarse en los partidos importantes solamente en la semana previa? Para evitar desgastar a los jugadores física y mentalmente, muchos entrenadores en el Real Madrid prefieren el segundo enfoque.

Las cosas se complican todavía más cuando los directivos quieren estar cerca de los jugadores, y es que en ningún equipo en el mundo un directivo tiene tanta influencia como en el Real Madrid: el presidente Florentino Pérez es quizás la persona más poderosa en el mundo del fútbol y todos están conscientes de eso. En su libro, Ancelotti escribe: “Florentino fue muy amable conmigo al principio pero sabía que tener los ojos abiertos.”

Durante sus 12 años como presidente, Florentino ha contratado y despedido a nueve entrenadores. ¿Cómo es trabajar bajo la mirada de Florentino? Manuel Pellegrini describió su comunicación con el presidente como “muy mala” durante la temporada 2009-10, mientras que otros entrenadores consideran que Florentino tiene control sobre la prensa del Real Madrid. “Es muy bueno manejando a la prensa” dice Calderón. “Para mantenerse como presidente aquí, hay que ganar títulos y él ha ganado tres Champions League. Ha tenido errores, pero sabe cubrirlos ante los medios.”

Sin embargo, así como se puede cuestionar su mano dura, nadie puede negar la devoción de Florentino hacia el Real Madrid. Otros presidentes y dueños de equipos importantes ponen dinero, pero rara vez se les ve en los partidos, como pasa con los dueños del Arsenal, Manchester United, Manchester City o PSG. No es el caso de Florentino, quien acompaña al equipo en todos los partidos. Al final de cada juego, y sin importar el resultado, baja al vestidor a dar la mano a todos los jugadores y cuerpo técnico. El Real Madrid es su vida.

Normalmente los directivos se desentienden de lo que pasa en la cancha, pero Florentino no es como cualquier directivo. Muchos jugadores y representantes acuden a él cuando alguna decisión del entrenador no les parece. Ancelotti cuenta en su libro que el representante de Gareth Bale llamó a Florentino para quejarse de que el galés no estaba jugando como delantero. Florentino presionó a Ancelotti para poner al jugador en esa posición y el entrenador se negó, aún sabiendo que de ello podía depender su puesto. Al final de esa temporada, Ancelotti se fue, como muchos otros antes de él.

Una situación así parecería exagerada en cualquier otro club, no en el Real Madrid. Un presidente es juzgado y recordado por los títulos que se ganaron durante su gestión, y en el caso del Madrid, de los fichajes realizados, pero de nada sirve hacer fichajes tan costosos si no juegan.

Una vez que un entrenador maneja a la prensa y entiende cómo trabaja Florentino, aún tiene que ganarse a los jugadores. Un actual jugador del Madrid dice: “Un entrenador tiene que ser honesto con el jugador. Zidane lo es, pero otros no. Un entrenador lleva las de ganar si sabe ganarse al equipo hablándoles y tratándolos de la manera adecuada.” Pero ser empático no lo es todo. De nada sirve ser el entrenador más amigable si los resultados no se dan.

¿Qué pasa cuando el entrenador no tiene el control? Michael Owen habla de cómo eran los entrenamientos en la época de “los Galácticos”: “las sesiones eran bastante relajadas. Cuando tienes a un par de brasileños en el plantel, el ambiente se vuelve de relajo y con tantos grandes nombres en el plantel, el entrenador no quería tener a nadie en contra. Sí había entrenamientos serios pero si, por ejemplo, Roberto Carlos quería jugar de delantero o Ronaldo no quería correr porque había tomado la noche anterior, simplemente lo hacían. En España, el entrenador tiene menos poder que en otros países”.

Los “Galácticos”: Ronaldo, Roberto Carlos, Beckham, Figo y Zidane.

Recientemente, el mismo Roberto Carlos fue más a fondo, explicando que con Del Bosque, los entrenamientos eran por las tardes porque en las mañanas “no llegaba nadie”. Luego vino Camacho, quien quiso cambiar eso y lo llevó un poco al extremo, pues le pidió a los jugadores que llegaran a las 7 de la mañana. Dejó el puesto después de seis partidos. Luego llegó Luxemburgo. Los jugadores tenían la costumbre de cenar con vino y cervezas en las concentraciones, y Luxemburgo intentó quitar eso, a lo que Roberto Carlos y Ronaldo dijeron “no lo haga porque va a haber problemas”. Más pronto que tarde, Luxemburgo se fue.

Era tanto el control que tenían los futbolistas, que después de cada partido, las grandes figuras tomaban vuelos privados. “Beckham, Zidane, Figo, Ronaldo y yo… todos nos íbamos del estadio al aeropuerto. Yo rezaba para que los partidos fueran en sábado para poder ir a la Fórmula 1 el domingo. Hoy me pregunto: ‘¿cómo pudimos hacer esas tonterías?’” concluye Roberto Carlos.

A pesar de todo ello, los grandes problemas no los causan los consagrados, sino los jóvenes. El director de comunicaciones del Madrid dice “me doy cuenta de que entre más grande es el jugador y más ha ganado, más humilde es. Lo más complicado es lidiar con un chico que viene de fuerzas básicas, que tiene cinco juegos buenos y tiene la cabeza en las nubes.”

Aítor Karanka, asistente de Mourinho, coincide: “Las grandes estrellas son las que entrenan más intensamente. Su calidad viene de su profesionalismo y todos ellos -Zidane, Figo, Redondo, Raúl- son grandes personas.”

El público también es especial. La afición del Real Madrid es muy demandante. Apoyan si juegan bien, abuchean si las cosas van mal. Varios jugadores dicen que es extraño salir a la cancha y no sentir inmediatamente el apoyo del público. “Una vez vencimos [en el marcador global] al Manchester United en Old Trafford con tres goles de Ronaldo y sus aficionados seguían apoyando. En el Bernabéu la mitad de la gente se hubiera ido.”

Incluso grandes jugadores le temen al Bernabéu. “Estamos hablando de jugadores de experiencia que han jugado en grandes equipos y en sus selecciones nacionales.” Muchos dicen “no esperaba que fuera así, pero así es cómo el Real Madrid ha forjado su leyenda.” En alguna ocasión, un entrenador llamó a un jugador para que entrara de cambio y el jugador tuvo miedo de entrar al campo. “La gente no lo quería y no estaba jugando bien. Era un buen jugador, pero así no se puede tener éxito aquí.”

Es por eso que, en muchos sentidos, el trabajo de entrenador del Real Madrid es más psicológico que táctico y Zidane ha entendido bien eso. Owen concluye: “Él siempre fue callado. En el vestidor, unos hablaban, otros estaban en el teléfono pero él se sentaba, escuchaba y absorbía todo. En ese sentido es como Ryan Giggs. No dicen mucho pero nada se les pasa. Si me hubieran preguntado si sería entrenador, habría dicho que no. Pero mírenlo ahora.”

Con información de
The Athletic: What is it like to manage Real Madrid?
La Vanguardia: Roberto Carlos desvela la tiranía galáctica en el vestidor del Real Madrid.

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